Angela Merkel y el espionaje: el cuento de nunca acabar

El ciberespionaje se transforma en un teatrillo de marionetas
Aroa Díaz Gutiérrez

Desde que se filtrara la pasada semana el pinchazo telefónico que daba acceso a la NSA a las llamadas y mensajes de Angela Merkel por orden expresa de Barack Obama para, según The Guardian, “saber quién es exactamente”, la canciller alemana ha pasado a estar en el centro de la mayor parte de las informaciones de espionaje electrónico.

En este teatro de marionetas aún se desconoce el rol de cada uno de los personajes que se nos van mostrando en una maraña de hilos que suben y bajan mientras que los espectadores quedan atrapados deseosos de ver cómo se desenlaza la historia.

Tras la aparición de Obama, el Club de los Cinco Ojos, Mariano Rajoy, el CNI, Dilma Rousseff, o México, está claro que el personaje que cuenta con mayor peso actualmente es Angela Merkel, quien se encuentra enredada entre todos los hilos. Un personaje que primeramente se presentó como víctima indignada y que, con el paso de las escenas, se va vislumbrando cada vez más como una 'falsa víctima'.

Ströbele y Snowden

En el último capítulo de este culebrón, uno de los miembros de la oposición en el Congreso de la canciller, Hans-Christian Ströbele, viajó hasta Rusia para encontrarse con el protagonista de la obra, Edward Snowden y, convertirse en el portador de una valiosa carta en la que el ex analista se ofrecía a declarar ante una futura Comisión de Investigación alemana -comisión que fue prometida por Angela Merkel para esclarecer la trama y que aún niega-.

El mensajero fue aclamado a su regreso, donde declaró los sencillos motivos que le habían llevado a emprender tal viaje: “Desde junio, todo el mundo habla de Snowden, y yo me pregunté porqué nadie hababa con él personalmente”. Y fue, y con el permiso de su carcelero, Vladimir Putin, habló, y Snowden contestó.

Atónitos por las noticias llegadas de Rusia, uno de los consejeros de Merkel, el ministro del Interior alemán, declaró que desde el principio de su aparición en esta historia, su equipo de Gobierno busca una explicación en el diálogo con Estados Unidos; con lo que los espectadores entendieron que la 'investigación' sólo exploraría la vía oficial hasta que ésta quedase agotada sin hablar con quien les arrojaría luz a todo el asunto. Tal vez por miedo. Tal vez por falta de interés.

Acuerdo de no espionaje

Esta vía de diálogo consiste, esencialmente, en reuniones -tanto oficiales como extraoficiales- entre Barack Obama y Angela Merkel aclarando los puntos esenciales del espionaje del que fueron objetivo y fijando los detalles de un acuerdo de “no espionaje” que, en estos momentos, está a punto de ser cerrado -y, con él, el escándalo-. Un acuerdo que peligraría en el caso de que Edward Snowden pisase suele alemán para ser interrogado.

Y es que, el gran enemigo de esta obra, Obama, ya ha interpuesto una orden de extradición preventiva para apresar al protagonista en el momento en el que su avión aterrice en tierras germanas -algo casi obligado si se decide a declarar ante la futura Comisión-.

Por ello, Angela Merkel retrasa una y otra vez la creación de dicha Comisión, la cual tendría plenos poderes para llamar a testificar a los testigos que crea pertinentes. Pero ya no puede retrasarlo más. La oposición, demasiado fuerte para la canciller, la creará previsiblemente el próximo 18 de noviembre durante la próxima sesión plenaria que tratará el tema.

Barack Obama y Angela Merkel

De aquí en adelante sólo existen dos escenarios posibles aunque sólo uno de ellos probable. Por un lado, que la futura Comisión de Investigación llame a declarar a Edward Snowden, otorgándole un permiso provisional de asilo y que éste desvele todos los temas por los que sea preguntado, rompiendo así las relaciones entre Estados Unidos y Alemania -incluído el posible acuerdo de “no espionaje”- por acoger a un “traidor”.

Por otro lado, que el acuerdo sea firmado en los próximos días, obligando a la canciller a convencer a su oposición de no crear dicha Comisión ya que “todo está resuelto”, dejando a los espectadores sin su desenlace final.

De esta forma, este personaje ha experimentado una rápida evolución en la obra. Un personaje que comenzó como una canciller indignada ante “la invasión de su intimidad” realizada por su propio “aliado” y que promete venganza pero rechaza a quien puede otorgársela; que jura ante la ONU sentirse traicionada por aquel en quien está confiando un acuerdo de “no espionaje”. Una canciller, en definitiva, que se guarda las espaldas ante su enemigo-aliado más poderoso, desoyendo los consejos de sus más cercanos y prometiendo al resto del mundo lo que sabe que jamás podrá hacer: fallar a Obama.

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