Atrapados en la campaña repetida

EL PLUMILLA ERRANTE
José Antonio Gaciño

Los políticos españoles vuelven a someterse al examen de sus electores, después del suspenso general que cosecharon tras los comicios del pasado 20 de diciembre (¡hace ya casi seis meses!). Incapaces de hacer los deberes de las negociaciones y los acuerdos, acuden a los ciudadanos, por si éstos tienen a bien hacer alguna rectificación, ya que ellos parece que no quieren o no saben rectificar.

Las correcciones más visibles corresponden a algunos cambios de nombres en las listas de casi todos los partidos, la inmensa mayoría sin una significación especial, y a la coalición con la que Podemos ha sacrificado parte de su transversalidad para aprovechar el fondo de votos que Izquierda Unida logró salvar del naufragio de escaños, además de un retoque de cifras que Ciudadanos introdujo en su programa económico para ajustarlo a las advertencias de la Unión Europea sobre el incumplimiento del déficit. Incluso se puede añadir otro cambio de Podemos, el de pasar de confiar en una mayoría propia para asaltar el cielo, como hicieron en la anterior campaña electoral, a mostrarse convencidos de que nadie tendrá mayoría absoluta y de que necesitarán al PSOE para componer un gobierno de cambio progresista.

Por lo demás, los partidos repetidores acuden al nuevo examen con las mismas nebulosas en las que se perdieron después de las elecciones de diciembre. Se supone que alguna lección tendrían que haber aprendido de los errores de gestión de unos resultados electorales a los que no estaban acostumbrados. Pero, de momento, si algo han aprendido, no parecen dispuestos a compartirlo. Ya veremos si lo demuestran tras el nuevo reparto de escaños (si es que es realmente nuevo, claro). Todos muestran su disposición a impedir que haya unas terceras elecciones, pero esa disposición ya la mostraron para impedir las segundas y ya se ve con qué resultados.

Las perspectivas que pintan las encuestas auguran una situación parecida a la que se produjo el 20 de diciembre. Si acaso, una ligera ventaja del bloque de izquierdas (PSOE y Unidos Podemos) sobre el de derechas (PP y Ciudadanos), al revés de lo que ocurrió en el primer intento. En ambos casos, sin mayoría absoluta de ninguno de los dos bloques. Y con una serie de vetos cruzados que impidieron el acuerdo antes y que nadie se ha mostrado dispuesto a retirarlos en la próxima negociación. Al fondo, los nacionalistas periféricos, en otro tiempo cortejados descaradamente por la derecha y por la izquierda del bipartidismo cuando no se conseguían mayorías absolutas en solitario, y que ahora, en el cuatripartidismo, han quedado marginados del diálogo estatal, a pesar de que siguen siendo igualmente decisivos para completar esas mayorías. Un efecto colateral del proceso independentista en Cataluña.

Y mientras llega el momento de comprobar si hay rectificaciones –de los electores o de los elegidos–, queda por soportar la prolongación de una campaña repetida, en la que llevamos atrapados desde hace más de un año.

@jagacinho

España

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