Bonilla fracasa en su primer ajuste del PP andaluz

El Sismógrafo
Pepe Fernández

Juanma Moreno Bonilla, tras cumplir sus primeros cuatro meses en el cargo, ha quedado en evidencia esta última semana por la frágil y débil autoridad interna que es capaz de desplegar  en el seno de su partido el dirigente andaluz del PP.

El asunto viene de lejos. Tiempo atrás costó dios y ayuda que el exsecretario general del PP andaluz, Antonio Sanz Cabello, dejase su acta de senador en Madrid para abrirle hueco institucional - y salarial- a Moreno Bonilla, enviado por el dedo de Rajoy a liderar lo que muchos aventuran ya en el PP como una nueva travesía del desierto andaluz para la derecha. El jerezano, a la sazón presidente del PP de Cádiz, diputado autonómico y brazo ejecutor durante años de Javier Arenas en la estructura regional, por gozar de su absoluta lealtad y confianza, aseguran fuentes populares que "se resistió como gato panza arriba a abandonar el Senado" para volver a Andalucía a recibir nuevamente, en sede parlamentaria, los revolcones de la izquierda. Fue lo que sucedió con una de sus últimas iniciativas parlamentarias al intentar "vender" lo mucho y bueno que el gobierno de Rajoy había hecho últimamente en favor del sector naval gaditano. Los trabajadores del sector están con el PP, llegó a proclamar, recibiendo una dura respuesta con datos y en forma de espejo retrovisor, tanto de Ignacio García (IU) como de Luis Pizarro (PSOE), ambos gaditanos.

Sanz, que es otro de esos políticos andaluces tan en boga, que creció desde jovencito en las cocinas del partido junto al líder de turno - llámese Teófila o Javier-, comprendió tras las presiones recibidas para que dejase de ser  senador que su destino era volver a pisar terrones incómodos en el escaño del viejo hospital de las Cinco Llagas. Ni siquiera iba a ser portavoz parlamentario, cargo que desempeña dignamente el motrileño Carlos Rojas al que, definitivamente, no le pega eso de hacer de tipo duro y malo con cara y talante de buena persona.

Moreno Bonilla, presidente del PP andaluzCuentan en el PP, donde cada día crece el descontento por la marcha del partido tras las dos sucesiones fallidas, que durante el tira y afloja de Sanz para dar la venia senatorial a Moreno, el gaditano pretendía un cargo institucional en Andalucía. ¿Cuál? Pues nada más y nada menos que el de Delegado del Gobierno, desplazando a una Carmen Crespo que, tras su breve etapa en el delfinario sucesorio de Zoido, ha replegado velas y ambiciones políticas convirtiéndose, sobre todo, en una distinguida portavoz oficial de las actuaciones policiales en la región.  Esas mismas fuentes populares aseguran que a Antonio Sanz no es que le prometieran atender sus pretensiones, pero sí le dijeron el típico "ya hablaremos, pero ahora deja el escaño para que entre Juanma".

Moreno ascendió al poder del partido, se hizo la segunda sucesión en un congreso a la búlgara, tomó posesión como senador y empezaron a pasar las semanas.

Y, hace unos días, Sanz volvió a la carga ante Moreno Bonilla planteándole que necesitaba más protagonismo político y , en definitiva, que de lo suyo en la Delegación del Gobierno ¿qué?

El nuevo líder, rodeado por el arenismo, nunca vio con malos ojos tener en la Delegación del Gobierno a un aliado con más cuajo y peso político que el que tiene Crespo. Sanz respondía perfectamente al perfil de alguien con tablas que se quemara en las candelas de defender al ejecutivo de Rajoy y sus medidas de gobierno ante los andaluces.

El problema, ahora, consistía en buscar una salida para la actual inquilina de la Plaza de España a la que Bonilla no quiso nombrar en su día Secretaria General del partido, presionado desde Almería y por el propio Arenas, descartada hábilmente con el argumento de no ser diputada autonómica.

Fue entonces cuando se les ocurrió darle el billete de vuelta a Almería, su tierra natal, y proponerla como sustituta de Gabriel Amat al frente del partido en aquella provincia. Pero había que convencer a Don Gabriel. Amat acumula junto a la presidencia del PP almeriense el cargo de alcalde de Roquetas, el de Presidente de la Diputación y, dentro de la estructura regional de Bonilla, la presidencia del Comité Electoral, cargo que en su día le adjudicó su amigo Arenas, amén de ser miembro de la comisión nacional del partido en materia financiera y de tesorería. Pero, además, Gabriel Amat tiene una edad, lleva casi dos décadas como alcalde y la Justicia le tiene actualmente rodeado con varias investigaciones sobre su gestión y patrimonio familiar. En una de ellas, ´Caso La Fabriquilla´, el Ministerio Fiscal  solicita su imputación por ilegalidades urbanísticas ante la Juez del Nº 1 de Roquetas, junto a varios concejales de su equipo.

De ahí que Moreno Bonilla haya mimado extremadamente al veterano líder de la derecha almeriense con varias visitas en estos cuatros meses y, como guinda, llevándole esta semana a Roquetas la reunión interparlamentaria del PP andaluz. Todo ello en lo que se puede interpretar como un gesto envolvente de solidaridad y apoyo a un político en apuros, cansado, desgastado y acosado por la Justicia.

Gabriel dice que no

En ese contexto, se asegura, le plantean a Gabriel Amat que deje la presidencia del partido en favor de Carmen Crespo, algo a lo que Amat se niega en redondo, "de momento". Fundamentalmente porque sabe que, el día que deje de mandar en el partido en Almería, el escudo protector que supone el cargo desaparecerá de su vida. (En el partido almeriense prevalece más el temor que el respeto y admiración al liderazgo de Amat) Bonilla no se había enterado todavía que para Amat es más importante dirigir el partido que la Diputación o el ayuntamiento de Roquetas.  Ese sillón, ese ´trono de hierro´, fue la causa principal de la guerra de tronos fratricida de finales de la década pasada en la derecha almeriense, la que enfrentó a Amat con Juan Enciso y los de El Ejido, dando pie a la denominada ´Operación Poniente´ que, por cierto, se sigue instruyendo en un juzgado de Almería siete años después de su arranque.

Sanz, de momento, tendrá que esperar otra oportunidad para aspirar a ser Delegado del Gobierno en Andalucía, mientras que Moreno Bonilla se ha dado cuenta ya del poder de los reinos de taifas que tiene hoy distribuidos el PP andaluz por toda la región. A todo esto, y para redondearle la semana, ha salido de su largo mutismo de meses - a través de ABC-  alguien que muchos consideraron  - y consideran aún hoy- como la mejor lideresa de la derecha andaluza para enfrentarse con cierta garantía electoral y política a Susana Díaz y al PSOE-A. Y lo ha hecho con criticas, por ejemplo, a la política de comunicación del PP-A. Es diputada, poseedora de una buena colección de mayorías absolutas en su pueblo (y su provincia), nació en Sevilla pero es malagueña a efectos políticos. Se llama Esperanza Oña, alcaldesa de Fuengirola, mujer con gran personalidad y difícilmente manejable por clanes y banderías; un verso suelto en el PP andaluz con gancho electoral, pero a la que el arenismo nunca quiso promover a las alturas de la organización. Una demócrata de derechas y sin complejos. Desde luego con un currículo y una hoja de servicios infinitamente mejor que la que pueda presentar su paisano Bonilla.

A estas alturas, cuatro meses y una semana después del congreso de entronización de Juanma, no hace falta ser adivinos para aventurar que si Oña hubiese sido la elegida en vez de Moreno Bonilla, hoy Susana Díaz y el PSOE-A no estarían tan contentos y tranquilos con el liderazgo fallido en el partido adversario, el mismo partido que llegó a ganar por vez primera unas elecciones autonómicas andaluzas al PSOE en marzo de 2012.

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