Campeón de campeones

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

Entre lamentos y alegrías, como suele ocurrir en el fútbol, en el deporte y en la vida, transcurren estas horas, después de jugarse la final de la Champions League entre Real y Atlético de Madrid. Maldice su suerte el equipo rojiblanco, incapaz de comprender su infortunio, entre ruidos amenazantes y sensación de frustración por un éxito que vuelve la espalda a los méritos adquiridos, dejando la injusta impresión, como decía el genial escritor uruguayo Eduardo Galeano, de que en el reino de lo efímero, todo se convierte inmediatamente en chatarra. Es un camino difícil de recorrer, siempre con el aire en contra y donde el placer de derribar ídolos es directamente proporcional a la necesidad de crearlos. 

Quizá el equipo que ayer se llevó la gloria, el campeón de campeones, podría dar, en este sentido, una clase magistral de lo que es acostumbrarse a vivir en una calma en la que nadie cree, en un permanente estado de erupción, donde nadie puede garantizar el sosiego y todo lo que pasa, para bien y para mal, se convierte en una cuestión de máximos y mínimos, de éxitos sin precedentes y fracasos inigualables, dibujando un escenario con importantes dosis de surrealismo. 

El Real Madrid ha vuelto a abrir la caja del triunfo entre nubes amenazantes que señalaban importantes tormentas y es que no hay un equipo en el mundo que sepa vivir mejor en el alambre, que se maneje mejor en el todo o nada, un equipo que le ha cogido una afición especial a surgir en los momentos decisivos, a utilizar el arma secreta de lo inesperado y abstraerse de las corrientes que le mantienen atrapado en la obligación, consciente de que en el fondo, la furia de los fiscales, enmascara un amor inconfesable. 

El Madrid navega como pocos en esa especie de juicio final al que se ve sometido en cada partido, en cada jugada y en cada situación. La capacidad de gestión de todo lo que ocurre a su alrededor es asombrosa y todo lo que pasa en el club es convertido en una especie de telenovela, con el efecto multiplicador de los medios de comunicación que lo hacen formar parte, queramos o no, de nuestras vidas. 

No es sencillo manejar esas situaciones, abstraerse de ese círculo vicioso que puede llevar a dantescos escenarios; pero el Madrid se ha acostumbrado a vivir entre contingencias, a sacar partido de honores y críticas, hasta hacerse fuerte en el arte de vivir permanentemente en la contradicción. 

Una vez oí decir a Marcelo Bielsa que lo mejor del ser humano sale cuando el éxito nos abandona, los jugadores blancos deben tener fresca en la memoria en todo momento la frase del técnico argentino porque, cuando peor pintan las cosas, cuando las reservas se agotan y se aceleran los debates, cuando las cañas se tornan lanzas y el pelotón de fusilamiento saca brillo a sus armas, van y cambian el rumbo de la historia.

 

@AgCastellote

 

Foto: Alejandro Ruesga (El País)

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