Cuatro meses de pasividad e incompetencia

EL PLUMILLA ERRANTE
José Antonio Gaciño

Sin hacer nada, con algún nerviosismo latente por si la variada oposición conseguía fraguar un acuerdo suficiente, esquivando la comparecencia parlamentaria con el argumento de que un parlamento no puede controlar a un gobierno que no ha elegido (¿y no sería más necesario controlarlo precisamente porque no ha sido elegido?) y limitándose a invitar a los demás a apoyarle, el Partido Popular y su gobierno en funciones han terminado superando, de momento, el peligro de pasar a la oposición después del mal resultado obtenido en las elecciones del pasado 20 de diciembre (un mal resultado que, de todas formas, le situó como el tuerto en el país de los ciegos).

Debería agradecérselo –en lugar de atacarlo tan ferozmente– a Ciudadanos, que le ha guardado el puesto a los populares con aquel solemne acuerdo que a la postre sirvió fundamentalmente para bloquear al PSOE, al que su socio de pacto sólo le permitía ampliarlo hacia la derecha. Claro que también se lo podría agradecer a algunos “barones” y a una “baronesa” del propio PSOE, que hicieron todo lo posible para que su candidato no llegase a acuerdos con la izquierda y mucho menos con los independentistas. Incluso podría ampliar su agradecimiento a Podemos, que decidió optar por una aparente firmeza de líneas rojas en lugar de intentar alguna maniobra florentina que le endosase al tándem del pacto el marrón de quemarse por gobernar en abrumadora minoría, mientras ellos podrían haberse convertido en campeones de la transversalidad o, más modestamente, en una alternativa clara de izquierda.

Por parte del PP, ante esta prórroga sobrevenida de su mandato absoluto, lo de los agradecimientos –con su pizca de ironía– hubiese sido una manera de reaccionar más elegante y positiva que la de sumarse al coro de lamentos y de cruce de veredictos de culpabilidad al que se han lanzado unos y otros, no sin cierta dosis de cinismo generalizado. Tumbado en su sofá-cama-ataúd (ese mueble polivalente en que lo dibuja Peridis, supongo que a la espera del resultado final para definirlo del todo), Rajoy, en esta ocasión, ha podido ver pasar el cadáver (político) de su enemigo y lo celebra como un triunfo de su pasividad.

Ciertamente, la pasividad ha sido elemento determinante de estos largos cuatro meses de despilfarro político, pero no sólo la del PP, que era previsible, dados sus antecedentes y el carácter de su líder, sino la de la mayoría de los políticos que han jugado a negociar sin involucrarse seriamente en verdaderos compromisos de gobierno. Queda para la historia el sacrificio de Pedro Sánchez, inmolado (quizá definitivamente) en aras de poner fecha a la repetición de elecciones, sin poder ir un paso más allá, como consecuencia de la ya mencionada conjunción de intereses, externos e internos, que ha limitado drásticamente sus posibilidades de negociación.

Ahora, vuelta a empezar. ¿Volverán a contarnos los mismos cuentos, unos sobre lo bien que estamos saliendo de la crisis aunque todavía no hayamos recuperado las cifras de antes de la crisis, otros sobre la manera de darle la vuelta a las políticas de austeridad y recortes aunque todos sepamos los límites que nos plantea formar parte de la Unión Europea y de la zona euro? ¿Volverán a repetirnos que no entrarán en detalles sobre posibles alianzas poselectorales porque, de entrada, todos se presentan dispuestos a ganar? ¿Volverán a prometernos que combatirán la corrupción incluso los que más corrupción acumulan en sus filas?

No es fácil volver a votar a políticos que han mostrado su falta de voluntad negociadora o su torpeza o su incompetencia a la hora de negociar, convencidos como estamos todos de que ya no volverán las mayorías absolutas. Puede que la única razón para resistirse a votar en blanco sea la de tratar de evitar que gobiernen los inmovilistas y corruptos, aunque ese es un chantaje moral que ya nos han hecho otras veces.

 @jagacinho

España

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