Del potencial narrativo en el ‘efecto de evocación’

EL COLOR DEL CINE
El color del cine

Cameron Kunzelman y Pinjed hablaron en su día sobre este recurso narrativo en cuanto al universo creado por Bungie para el videojuego Destiny, y a mi llegada a El Color del Cine recurrí a este término al hablar de Osmosis Jones. Es un concepto muy interesante del que era consciente, al que no sabía cómo denominar, y al que ahora no puedo dejar de darle vueltas, pues es curioso como algo incalificado como es el ‘efecto de evocación’ –al menos yo nunca he encontrado referencia alguna sobre él hasta ahora– ha marcado tanto todo el género fantástico en general.

Pero, ¿en qué consiste exactamente? Bueno, ya que es la semana de la ciencia ficción y de Star Wars, pongamos el ejemplo de Kunzelman sobre la escena de la cantina de Mos Eisley:

Luke Skywalker entra, la cámara cruza la habitación y te muestra distintos tipos de personajes, y entonces la escena sigue. La película no te está diciendo nada sobre ellos, pero están intentando evocar un mundo más allá de la cámara. ‘Dang!’ [sic] empiezas a pensar, ‘Seguro que todos ellos tienen historias’. No la tienen (o no la tenían en ese momento).

Detalles sutiles que pasan inadvertidos, la naturalidad de una anécdota acontecida en un lejano planeta, los miles de seres intergalácticos conviviendo en una sucia ciudad, eso es el ‘efecto de evocación’: cuando una mínima referencia nos hace ser conscientes de un universo mayor que decide no revelarse. Sólo hay que fijarse en todo el universo creado a raíz de la primera aventura del joven Skywalker solo por los fans. Este recurso permite al espectador ser participe de ese mundo imaginario, aportando teorías y expandiendo los horizontes creados por los autores. Además dota de misterio y un atractivo especial, siendo por otra parte una herramienta inteligente para ahorrar tiempo. Fijémonos en Blade RunnerRidley Scott no necesitó más que presentar a su protagonista en la calle para revelarnos una ciudad de Los Ángeles orientalizada, como una consecuencia de un hipotético devenir histórico del que no sabemos nada; las desdichas de los replicantes y los anuncios publicitarios evocan (¿os habéis fijado?) un imperialismo colonial basado en corporaciones interplanetarias, y el monólogo final de Roy Batty nos hace querer vivir sus recuerdos. Todo ello sugerido, pero no revelado.

El cine se vale de este recurso más de lo que reparamos. Le dota de un aura que nos atrapa en seguida y no nos damos cuenta. Pero, además, no sólo se aplica en la construcción del universo, sino también se puede en los personajes. Parte de nuestra inquietud (y de los mismos protagonistas) hacia Depredador o “la Cosa” residía en no saber qué era ni de dónde provenía; es una figura aterradora a la par que ajena, lo que incrementa la paranoia y el terror. También puede aportar un misterioso atractivo, como es el caso de “el conductor” de Drive, del que no conocemos su nombre. Por eso, mucha gente siente recelo ante el anuncio de precuelas y spin-offs en pos de expandir la historia y sus personajes, porque esa capacidad imaginativa se pierde ante la imposición de un canon. Como dijo Dayo, “La gracia es ser misterioso (…) porque no hay nada como la imaginación para llenar los huecos”, lo que no quita que ese nuevo producto carezca de valor. En cierto modo, para mi fue lo que mató el universo de Pitch Black o al personaje de Hannibal Lecter. Es una maniobra puramente económica.

El ‘efecto de evocación’ permite elaborar mundos fantásticos y personajes misteriosos sin reparar en la explicación de sus bases, dejando fluir la narración para conseguir la inmersión. Un film de ciencia ficción (o de cualquier otro género) debe procurar integrar las reglas de su universo, pues detenerse en su explicación consume demasiado tiempo, resultando en el aburrimiento del respetable o en la escasez de matices.

Sin embargo, todo esto no es exclusivo del cine, aunque sea el que más ha explotado este concepto. En literatura, 1984 de George Orwell nos habla de un mundo distópico como si ya supiésemos cómo se llegó a tal punto, del mismo modo que Akira Toriyama configuró el pintoresco mundo de Dragon Ball, tanto en el manga como en el anime. En última instancia, la evocación es uno de los recursos literarios más antiguos, ya presente en Homero. Caminando entre lo inconsciente y lo intencionado, el ‘efecto de evocación’ es fruto de la propia inmersión del autor en su obra. Aunque dicha involucramiento puede traer la otra cara de la moneda: el universo “tolkiniano”, como menciona Pinjed, universos definidos hasta la última coma. Esto no es malo, en absoluto, mas siempre he sido un incondicional de lo sutil. De todos modos, el cine siempre hará de las suyas y tendremos obras como El Señor de los Anillos, que aprovecha las bases proporcionadas por Tolkien para poder representar dicho universo definido sin mencionar la historia detrás de cada nombre y lugar, lo que le da a sus escenarios y a su guión ese toque romántico (en el sentido artístico, no hablo de Frodo y Sam) que nos encandiló a todos. Este principio se ha visto también en otras cintas, pero sin llegar a la maestría de Peter Jackson.

Escrito por: Carlos Campoy

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