El ‘feedback’ de Sampaoli

Jorge Sampaoli, entrenador del Sevilla, habla un idioma común a todos
España

Todo proceso comunicativo viste los siguientes componentes: emisor, receptor, contexto, mensaje, código, interpretación, canal y ‘feedback’. Eso tratando de una situación comunicativa perfecta, donde el destinatario entiende al cien por cien idea e intenciones que el transmisor procesa. Pero pongan que la perfección raramente se da y que el ruido tiende a jugar un papel importante cuando entra en escena dentro de una comunicación entre dos agentes.

Jorge Sampaoli aterrizó el pasado verano en el Sevilla FC con una idea a la que sumar séquitos, más cercano al ‘Ché’ que a Groucho Marx, dispuesto a morir con su propuesta antes que cambiarla por otra si no agradase. El de Casilda puso sobre la mesa un menú apetitoso para cualquiera, con fútbol del que es hilado fino y atrayente para el espectador, del que promete guerra y emoción, en el que la pasión es la encargada de hacer las veces de corazón. “Trataremos de transmitir una idea. Pensar más en el arco contrario que en el propio”, sentenció el argentino en su presentación.

Al Ramón Sánchez-Pizjuán llegó un entrenador con una Copa América bajo el brazo (la primera en la historia de Chile) y con la denominación de actual tercer mejor entrenador del mundo, cartel con un primer espada que pedía y requería tiempo. Por primera vez daba el salto a Europa, una de las primeras razones que hace saltar un prejuicio sobre su figura, ya que ‘Sevilla no es como la otra parte del charco’. A ello se suma que viene con una idea de fútbol control. Posesión, posición y presión. Todo esto se llega a entender por una parte de la afición como un estilo kamikaze, al que no se tarda en bautizar ‘de enfermería o puerta grande’. Ruido.

El ruido fue a más

Sergio Ramos le arrebató la oportunidad de proclamarse ‘Supercampeón’ de Europa y días más tarde se vio las caras con un FC Barcelona que comenzó el curso en un gran estado de forma. Después, pareció que a Sampaoli se le entendió como una especie de ‘cantamañanas’ que filosofaba más que actuaba y que su idea de fútbol no se trasladaba a propuesta sobre el campo. Un 6-4 a tumba abierta para alzar el telón en LaLiga, empate en El Madrigal Sergio Rico mediante o en Eibar, victorias sobre la mismísima bocina frente a Las Palmas y Alavés, una derrota ante el Athletic o un derbi en el que se jugó a poco. Y el ruido fue a más.

Que las palabras del de Santa Fe no llegasen a ser una realidad en cuanto a elaboración y sometimiento del rival no interferían, eso sí, en que los blanquirrojos cargasen su mochila de puntos, aupando posiciones en una tabla clasificatoria a cuya cima solo tienen acceso unos privilegiados. Fue entonces y es ahora cuando el sevillismo entendió, entiende y comparte que son unos privilegiados, adhiriéndose a la llamada del preparador argentino. Porque, aunque Sampaoli (como él mismo dice) no puede asegurar éxitos, sí es propenso a llevar consigo garra y una llama ardiente que instala dentro de sus equipos. Y su Sevilla funcionó.

Sin un esquema fijo, y a veces dificultoso de descifrar, ha ido moldeando las piezas, extrayéndoles el jugo, realizando probaturas sobre el laboratorio verde para finalmente servir sobre el mantel una comanda con denominación de origen. Sobre el terreno de juego la imagen del equipo cada vez se parece más a la que quiere el entrenador, de eso no hay duda. De que aún le queda trabajo por recorrer, tampoco.

La evolución del Sevilla

Tras la victoria ante el Atlético de Madrid se colocó su figura en el punto de mira. El partido más completo hasta la fecha de los sevillistas, dominando de cabo a rabo, maniatando a un coloso colchonero que no supo por dónde hincarle el diente a una de sus presas favoritas. Los del de Casilda parecieron ser más, o al menos abarcaron más terreno a raíz del posicionamiento, todo un arte del conjunto de Simeone en otros capítulos. Y de ahí a la primera parte contra el FC Barcelona el pasado domingo, empate en Gijón mediante, lo que privó a los andaluces de ser líderes provisionales de un campeonato que muy de vez en cuando le es infiel a sus dos bellos pretendientes.

Antes del choque ante los azulgranas, el ex de la Universidad de Chile, sentado en su sillón en sala de prensa, realizó un ejercicio con el que evidenciar unos hechos a la vez que insinuar otros, comparando el estado actual del bloque que dirige con el del momento en el que se vieron las caras en la Supercopa de España: "El Sevilla de aquel momento ha tenido una evolución, pero la característica que va a buscar es la misma. Intentar protagonizar sabiendo que el rival te puede dañar en cualquier momento. Esperamos que se pueda dar de esa forma, sobre todo la de aquella primera parte, ante un rival con capacidades individuales muy importantes".

Lo clavó con lo de la evolución, la primera parte y el daño rival en cualquier momento. Porque el primer tiempo del Sevilla ante el actual campeón liguero fue sublime, pese a que luego apareciese ese compatriota suyo que manda cuando y donde quiere. Y que por algo es el mejor. Pero los primeros 45 minutos nervionenses, de quitarse el sombrero, la gorra, la boina y hasta el peluquín. No importa quién hiciera de espectador, Jorge Sampaoli habla un idioma común a todos. Su equipo es el segundo en posesión media de LaLiga con el 58% (el primero es el Barça) y sexto de las cinco grandes ligas europeas, lo que le lleva a situarse como el tercero de estas ligas que menos acciones defensivas ha tenido que realizar (284).

Ganar

Los triunfos y las copas llegarán o no. Pero el argentino cada vez cuenta con más gente unida a su empresa. “(Ganar) sería muy bueno para nuestra autoestima y para que se genere una creencia mayor hacia la idea”, avisaba en la previa. Sin siquiera ganar, esa autoestima se vio elevada, y reflejada en la cara del sevillista, complaciendo en cierto modo la idea inicial del técnico: “Me obsesiona que la gente salga con una sonrisa mañana (por el domingo), habiendo visto a un equipo sin complejos ante el F.C. Barcelona”.

Y con pocos complejos cuenta en estos momentos el equipo dirigido por Sampaoli y confeccionado por Monchi en el mercado estival. Con un Nasri (91’3% de acierto en pases) que hace magia para la causa, un ‘Mudo’ que sabe de lo que habla, un N’Zonzi para todo y para todos, unos Mariano y Escudero disfrazados de ‘correcaminos’ o un Vitolo (4º con más regates de LaLiga) que se ha ganado a pulso quitarse el cartel de ‘jugador que vive un momento dulce’ para cambiarlo por el de ‘jugador dulce’, a secas, pero con un cuchillo entre los dientes.

Una vez todo más asentado, la finalización sigue quedando en el ‘debe’ para estar más cerca de la plenitud de lo que quiere ‘Sampa’. Vietto y Ben Yedder suman 5 goles cada uno entre LaLiga y la Liga de Campeones, aunque el argentino (delantero titular) solo dispara 2’4 veces de media por partido en la competición doméstica, situándose como el 26º jugador del campeonato en disparos. Ahí es donde debe estar parte de la traducción de los números de posesión. Seguir eliminando ruido. Enganchar a Ganso, también.

Un fallo en la traducción o una pérdida de atención entre teorías futbolísticas y palabras vacías. Un proceso comunicativo que ha ido abriéndose poco a poco, tocando teclas hasta lograr que el mensaje sea más claro. Quizás Sampaoli no eligió el canal idóneo al inicio, pero ese canal finalmente ha pasado a ser la hierba. Aunque si le prestan atención, él lo dijo bien claro en su presentación (dejando la paja a un lado): “Trabajaremos de una manera que pueda generar ilusión a la gente. (…) Queremos ser competitivos contra cualquiera. Un equipo que logre transmitir lo que pensamos dentro del campo. Tendrá que ver con los interlocutores, ver si esto puede ser a corto plazo o medio plazo”. La decodificación es un hecho. Con menos ruido. Con su ‘feedback’.

 

 

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