El Atlético y el destino

SIN VERGÜENZA
Manuel Ladrón de Guevara

Escribió Aldous Huxley que “quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. En 1974 al Atlético lo entrenaba un aguerrido entrenador argentino, el Toto Lorenzo; en 2014 al Atlético lo entrena un argentino trabajado en mil batallas, el Cholo Simeone; en 1974, contra el Bayern de Beckenbauer, el Atlético se puso por delante con un gol habitual de aquella época: un magistral lanzamiento directo de Luis Aragonés; en 2014 el Atlético se adelantó con uno de sus clásicos de ahora: un balón colgado que remató Godín; en 1974 un defensa de nombre impronunciable le cerró el camino a la gloria a treinta segundos del final; en 2014 otro defensa, este de nombre conocido y fácilmente pronunciable, nuestro Sergio, le cerró en las narices las puertas del destino; y en 2014, como en 1974, fueron cayendo después los goles, hasta cuatro, en las porterías que ocuparon Reina ayer, hoy Courtois.

El fútbol, como la historia, no sabe de deudas, sino de heridas. Y a veces parece complacerse en hurgar en ellas. El Atlético repitió en Lisboa casi punto por punto lo que le pasó una aciaga y maldita noche en el viejo Heysel de Bruselas. Después de aquel partido, don Vicente Calderón pronunció aquella maldita sentencia de "somos el pupas", nunca lo hubiera dicho que persigue a su equipo.

Tenía razón el Cholo al decir que sus jugadores pueden permitirse no derramar una sola lágrima. Ya las derramamos nosotros por ellos. No se merecía el Atlético perder así, burlado por un destino que no está dispuesto a soltar la presa. Y tiene los dientes afilados.


 

 

 

 

 


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