Fuegos artificiales contra la indignación

EL PLUMILLA ERRANTE
José Antonio Gaciño

No hay como tener cierta perspectiva histórica para aprender a valorar personas, grupos, acontecimientos. Aunque la perspectiva sea sólo de cinco años y estén todavía frescas las valoraciones improvisadas ante fenómenos nuevos que alteraban el panorama convencional. Así, al cumplirse el quinto aniversario de la aparición del movimiento de los indignados (resumido como 15-M en estos tiempos de etiquetas rápidas), hemos podido leer y escuchar cómo se han perdido los valores y las reivindicaciones de aquel movimiento, poco menos que traicionado por quienes se han aprovechado de su fuerza para hacer carrera política.

El caso es que se lo hemos podido leer y escuchar a tertulianos y analistas que, hace cinco años, despotricaban contra aquellas manifestaciones y acampadas, tachándolas de algaradas irresponsables con las que oscuros conspiradores trataban de impedir el triunfo conservador en las elecciones municipales de aquellos días y en las elecciones generales todavía no adelantadas, pero a punto de serlo (en julio anunció el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que las adelantaría a noviembre). Naturalmente, no faltaron quienes vieron detrás del 15-M la mano del mismísimo Alfredo Pérez Rubalcaba. Eran más o menos los mismos cerebros clarividentes que todavía siguen insistiendo hoy que los atentados del 11-M de 2004 fueron obra de ETA, el PSOE y los servicios secretos marroquíes.

Convertido Podemos en la nueva bestia negra del panorama político español (y no sólo entre la derecha), las perspectivas se acercan o se alejan, se suceden y confunden al ritmo que marcan las encuestas. Cierto que el propio Podemos ha puesto de su parte para contribuir a la confusión con sus amagos de transversalidad y sus golpes de efecto en el juego de las negociaciones para intentar formar gobierno. Pero no le van a la zaga sus detractores. Juan Carlos Monedero, por ejemplo, pasó de ser considerado carne de presidio, por supuestas irregularidades en la declaración fiscal del cobro de un informe para gobiernos latinoamericanos (zanjado con una simple declaración complementaria), a ser considerado –por los mismos– un ejemplo de coherencia y pureza ideológica al dimitir de su cargo en la dirección de Podemos.

De momento, el nivel más sorprendente de los cambios de perspectiva se produjo a raíz del acuerdo de coalición entre Podemos e Izquierda Unida. De repente, la prensa conservadora se mostró sorprendentemente dolida de que IU vaya a diluirse en el “neocomunismo populista” de Podemos, hasta el punto de que en un editorial de ABC pudo leerse que Garzón, por un plato de lentejas (el equivalente bíblico de un puñado de escaños), iba a provocar la desaparición de “un partido comunista que siempre fue constructivo”. Algunos, con tal de demonizar a Podemos, parecen capaces de canonizar a Stalin.

Son gajes de la confrontación electoral, que casi todos interpretan como un campo de batalla en el que todo vale, desde promesas imposibles de cumplir hasta mentiras flagrantes, pasando por todas las posibilidades de descalificación del adversario, calumnias incluidas. Abundantes fuegos artificiales con los que tratan de ocultar las causas de la indignación. Y justificar quizá las medidas excepcionales (con o sin gran coalición) con las que cerrar el paso a la regeneración que los ciudadanos indignados reclaman.

 

@jagacinho

España

(C) El Diario Fénix 2011        Contacto:  redaccion@eldiariofenix.com