Fundido a negro. Fin (del Periodismo)

BRUTO PERO NOBLE (SUTILEZAS DESNUDAS)
Agustín Madariaga

La policía ha llegado a las instalaciones de la televisión, en Valencia, para impedir la emisión”. No es una crónica del 23-F, no está tras esa orden Milans del Bosch. Ha sido en 2013, el 29 de noviembre.

La orden llegó con nocturnidad, a medianoche. Los trabajadores de la Radio y Televisión Valencianas han emitido doce horas más, hasta que la policía ha impedido que sigan con su trabajo. Antes lo habían impedido sus directivos, algunos imputados en la Gurtel, otros acusados de acoso sexual, siempre atentos a que la verdad se contara a medias o directamente se ocultara como en el caso del accidente del Metro de Valencia.

La comunidad valenciana tiene dinero para un aeropuerto sin aviones, un gran premio de Fórmula 1 o para cubrir con el dinero de todos el déficit de los clubes de fútbol mal gestionados. Puede pagar cables e sonido a precio de hilo de oro, siempre que algún amigo del Bigotes esté por la zona. El Bigotes, por si no lo recuerdan es el que no compraba los trajes a Francisco Camps, al que la señora Camps le decía que se había pasado con el regalo de Navidad. Pero para cumplir la sentencia y pagar a los trabajadores de Canal Nou no hay dinero.

Canal Nou es un ejemplo de mala gestión, de amiguismo, de gastos absurdos, de programas de telebasura, pero sus trabajadores no han sido los culpables de ese desaguisado. Una televisión pública es un servicio público que debe mostrar a los ciudadanos lo que ocurre en su tierra, en su idioma y sin el tamiz del negocio. Es decir, es la voz de las personas de esa comunidad, que de otra forma quedan ajenas a la presencia en los medios, a los temas tratados como servicio a la ciudadanía y no como espectáculo. Es muy sintomático que cuando los trabajadores iniciaron la autogestión (después del anuncio de cierre) la audiencia se multiplicara.

Han cerrado un medio de comunicación y han enviado a  casi dos mil personas al paro, han dejado a los valencianos sin el único medio en su idioma y han arruinado a todo el sector audiovisual de la comunidad (a los que sobrevivían a los impagos y la morosidad).

Es grave pero lo realmente preocupante es que este cierre es la respuesta a una resolución judicial. La Generalitat valenciana despidió arbitrariamente a gran parte de la plantilla, la justicia lo anuló y en vez de acatar la decisión de los tribunales ha cerrado la televisión.

Veremos lo que tarda algún amiguito del alma, alguno que no regala trajes, algunos que nunca entregó dinero para sobres en montar el Canal B, el que se aproveche del dinero público para sus negocios privados, el que se lleve el dinero a costa de todos.

Quedan mil setecientos compañeros en la calle que se suman a una lista que me revuelve las tripas. Maestros del periodismo de muchos medios sin trabajo con cincuenta años, con una experiencia impagable, con contactos, con criterio.

Pero seguimos sin hacer nada. Los periodistas seguimos pendientes de nuestro ego, quietos como tancredos ante el toro que se pasea alrededor y cornea a amigos y compañeros. Seremos los siguientes y lo merecemos. En un colectivo decente, un año como 2013 acabaría con un apagón informativo, en un boicot activo a los responsables de esta masacre. Pero no, reiremos las gracias del verdugo, le haremos preguntas intrascendentes, seguiremos con las relaciones públicas de nosotros mismos y de los que mandan. Hasta que un día estemos en la calle. Y me temo que nuestro final no será tan digno en muchos casos como el de los compañeros de Canal Nou.

 

 

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