A la fecha solo hay una cosa clara: o ellos o nosotros

RESENEKA
Alberto Vila

Los tiempos que vivimos son el preludio a nuevos escenarios inéditos. Cómo lo fueron los fenómenos de “Nunca Mais”, del “15M” o de las diversas “Mareas”. Acontecimientos que hicieron la historia reciente. Que marcaron un rumbo diferente para afrontar la resistencia a los abusos del poder. Lo dice alguien que no es marxista. Alguien que entiende que la democracia es aún el mejor sistema posible para el desarrollo de las personas que habitan nuestro mundo. Alguien que cree ser honesto y decente; que admite la discrepancia y la diferencia. Alguien que cree que un futuro diferente puede ser posible, aunque suframos en el trayecto más de lo que suponemos. Valdrá la pena. Porque ese camino es de las mayorías que no tienen dueño. Aunque algunos lo hayan creído. De la misma manera que no es posible que alguien en particular se apropie del 15M, porque sería como apropiarse del Sol, como ha legislado el gobierno del PP, para demostrar el despropósito al que se ha llegado.

El motor que produjo el 15M fue la indignación. Este sentimiento, realmente transversal en estos movimientos de confrontación inevitable, se opuso al modelo que han aplicado de modo más ortodoxo en esta última legislatura. Estamos en presencia de una confrontación de modelos. Lo vengo anunciando desde hace tiempo en sucesivos artículos y en diferentes medios. Esa es la cuestión que está en juego. Echan humo sobre sus medidas de recortes y empobrecimiento general de España, en un contexto que se ha revelado, además, como un imperio del latrocinio, la mentira y la corrupción a lo largo y ancho de nuestro país. Pero la realidad está ahí.

Cualquiera que contribuya a debilitar la única oportunidad que tienen los ciudadanos para demostrar su indignación ante los abusos del poder, como es el voto, está cometiendo una traición a los valores de la igualdad y la libertad, únicos garantes de la democracia. La obstaculización del voto exterior es un caso. El pretender acarrear votos de ancianos con sus facultades alteradas o vulnerables, otro.

La cuestión central de la que trata toda esta confrontación no es de personas, personajes o personajillos. Es de modelos. No de siglas. Es de fidelidades a valores. Un modelo, por concepto, es un esquema simplificado de la realidad que se construye esencialmente sobre un soporte de valores. La libertad, la igualdad y la fraternidad, por ejemplo. De allí que no se pueda subordinar el interés general al de los grupos que han financiado, y seguirán financiando, a los partidos que protejan sus intereses aunque sean contrarios a sus valores. Por ello creo que los modelos y valores que se pretenden confluir en el Parlamento de España no son compatibles con el interés general. No se trata de lealtades a los dirigentes. Es la esencia misma del propósito y modo de llevarlos a cabo. Es de ellos o nosotros.

Es un conflicto entre el modelo del crecimiento neoliberal y el modelo del desarrollo socialdemócrata. Dos paradigmas enfrentados, en medio del cual está el ser humano. Es una guerra en toda regla entre dos modelos. Uno, basado en la mera ficción económica y financiera. El otro, en el progreso humano. La especulación por un lado. La producción por otro. Se dirime enfrentando el “valor” y el “precio”. La burbuja financiera que nos han hecho pagar, no solo no se ha contraído sino que vuelve a amenazar con otro estallido en el corto plazo.

Las universidades públicas han perdido 45.000 alumnos en los dos últimos cursos. La inteligencia a la basura. Deberíamos reflexionar acerca de este reinado de mediocres arribistas en el que estamos. ¿Son los gestores adecuados para cambiar el modelo?

Los sistemas políticos actuales de España confluyen en este escenario. Para unos, las democracias se vuelven un pretexto. Las personas no importan en este escenario amoral. Esto explica sin eufemismos las razones por las que la UE no tiene rubor en admitir comportamientos xenófobos o abiertamente proclives al fascismo más genuino y sanguinario.

Si midiésemos la salud de nuestras instituciones en relación al rol para el que se constituyeron y a la utilidad que prestan al conjunto ciudadano, entonces podríamos certificar que algunas están en fase terminal. No están respondiendo a las necesidades de los contribuyentes. El comportamiento frente a la crisis de los refugiados se explica desde este modelo que nos desean imponer. Éste proclama que admitir ese flujo humano pondría en riesgo la estabilidad de los mercados. Mucho me temo que esto será la antesala a episodios de violencia cada vez más intensos. Por ello, estamos en presencia de una verdadera confrontación de modelos: el de las personas o el de los mercados. Ellos o nosotros. Esa es la batalla.

Por tanto, debemos hablar del modelo que deseamos. Porque esta es la verdadera batalla que se está librando, que se trasladará a esta Europa de la xenofobia hacia afuera y la austeridad suicida hacia dentro. Los recortes que se avecinan harán inviables buena parte de las medidas anunciadas, si no se está por la labor de garantizar el cumplimiento de la ley. Esa batalla será dura, con castigos que se impondrán a todos los españoles, con amenazas y recortes. Esto será en cualquiera de los dos modelos. Aunque sólo uno permite avistar un futuro. Para ello, sólo un gobierno fuerte puede lograr enfrentar a la Troika.

¿Qué modelo desea usted para las próximas generaciones? Todos supondrán grandes sacrificios. Pero uno tiene amanecer, mientras otro nos llevará a la noche más oscura. El 26J se decide el futuro de España.

 

@Reseneka

España

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