Las clases medias las grandes olvidadas

RESENEKA
Alberto Vila

Lo cierto es que el fenómeno del 15M no ha sido el resultado de una movilización del campesinado. Tampoco el de unos grupos antisistema. La humilde opinión de este analista no es otra que el mismo ha sido la respuesta de un conjunto social agredido por las políticas del bipartidismo. Ese conjunto indignado se nutre en especial por la clase media “actitudinal”. Esa que saboreo las mieles de las posibilidades del cambio social en un contexto redistributivo. Esos que están alejados de la corrupción. Aquellos que valoran la solidaridad. La buena gente, en suma.

Mal haría la opción de Podemos si considera la respuesta electoral como si fuese el fracaso a una metáfora del asalto al Palacio de Invierno de San Petersburgo. No quedan revolucionarios. Por quedar no quedan ni cantautores que le pusiesen música a la resistencia al despojo. Esta fue una campaña sin épica.

En realidad, sin demasiado esfuerzo, se pueden encontrar las causas del fracaso en algunas líneas de la estrategia electoral. La gran preocupación de las clases medias por la ideologización de la campaña. Alguien no le indicó a la izquierda de este país que los “obreros” no son mayoría. La indignación sí. La que está indignada es la clase media. Ese debió de haber sido el segmento para el que trabajar sin el pudor de una izquierda de cafetería, más preocupada por la pose que por el acto.

Hay menos de 14 millones de asalariados frente a los tres millones de empresas y tres millones de autónomos. Estos últimos coinciden al ser micropymes, técnicamente empresarios. Muchos expulsados de las plantillas de las empresas que los “externalizaron”. Única opción que les dieron para seguir manteniendo algún tipo de relación laboral degradada y poder seguir, a duras penas, manteniendo pagada la hipoteca y los estudios de sus hijos. Clase media pauperizada, aunque actitudinalmente procuren aparentar lo contrario.

Al inicio de la crisis, los asalariados eran más del 50% frente el 42% que tenían las empresas, en la distribución de la riqueza. De aquí, los trabajadores han perdido en cinco años cinco puntos de participación en la riqueza del país. Los empresarios se la han apropiado. De entre ellos, en particular, las empresas del Ibex. Pero, poco se habla de los autónomos. No son asalariados. ¿Se creerán clase media o empresarios?

Así, en resumen, los trabajadores, que no obreros, ganaron menos y, las empresas, de nivel mediano hacia arriba, más. Estos datos debieron ser el combustible para alentar el cambio de voto. También movilizan. Habría que recordar a todos, una vez más, la expresión: “La economía, estúpido”. Fue una de las ideas fuerza propuestas en 1992 por James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton. Aquél le señaló que éste debía enfocarse sobre cuestiones más relacionadas con la vida cotidiana de los ciudadanos y sus necesidades más inmediatas. Nada de revoluciones del campesinado.

Con más de un millón de votos menos, creo que se deberían considerar tácticas más novedosas que el puño en alto. Esa clase media no vota otra cosa que una alternativa. Tiene miedos. Pesadillas de despojos de las hordas de desarrapados ocupando sus casas y sus tierras. Profanando sus templos. Llevándonos a corralitos terroríficos. Por cierto, ¿Axel Kicillof, uno de los peores ministros de economía de la historia argentina, vino a apoyar a Unidos Podemos o a espantarles votos?

Esta modalidad, de recoger las inquietudes de una comunidad para llevarlas a cabo en su entorno habitual, no es otro que el aplicado de manera efectiva en los Círculos Podemos. Encajó de modo perfecta en las citas electorales de nivel municipal. Pura metodología de los “círculos de calidad” industriales. Pero, aplicada a la realidad sociopolítica de nivel autonómico o nacional, no tiene efectos prácticos. Las Mareas gallegas en los ayuntamientos no son extrapolables a las convocatorias autonómicas. Es una predicción. La fuga de votos en estas elecciones en Galicia fue un aviso.

¿Tiene sentido que se hable de izquierdas y derechas, en el movimiento de los indignados, cuando se trata de un movimiento de voluntades ascendentes que reflejará las necesidades más próximas a los ciudadanos? ¿El movimiento de Gamonal fue una expresión de los “rojos” o de los “azules”? La indignación es transversal y la clase media es su expresión. El discurso obrero, pese a la dureza de la crisis, tiene recorrido corto. Muchos de los desposeídos no respaldaron el proyecto. El abstencionismo que promovieron desde las entrañas del PC se puede contabilizar. Se ha vuelto a repetir el escenario de las elecciones anticipadas del 20 de noviembre de 2011 para el Parlamento de la X legislatura. Entonces, el Partido Popular resultó vencedor al recibir más de 10,7 millones de votos (44,62 %) y lograr una mayoría absoluta de 186 escaños

El domingo 20 de diciembre tuvieron lugar las duodécimas elecciones desde la restauración de la democracia y las primeras con Felipe VI como jefe del Estado. En esta cita electoral el Partido Popular fue la candidatura que obtuvo el mayor número de votos y escaños con 123 diputados y un 28,72 % de votos. Aunque respecto a las elecciones de 2011 perdió 63 escaños y más de tres millones y medio de votos, con lo que no revalidó la mayoría absoluta. El domingo 26J ha logrado el 33,02 por ciento, con el 99,41 por ciento escrutado, amplía a 137 diputados su presencia parlamentaria. Sigue sin haber mayorías, si no contamos con los cuestionables “independentistas” que “rompen” España. ¿O Rajoy apelará a ellos? ¿Qué dirán Sánchez y Díaz si eso ocurre? ¿Qué es culpa de Iglesias?

Felipe Gonzalez anunció unos días antes de la cita electoral del 20D, sin el menor rubor, en el programa El Objetivo de Ana Pastor, que vería con buenos ojos una gran coalición entre los dos grandes partidos de la Transición. Afirmó a continuación que "no hay ninguna demostración de que la dispersión del voto, que es legítima, ayude a arreglar los grandes problemas del país", y ha explicado que para un político "es complicado gestionar que los ciudadanos pidan al mismo tiempo a los políticos ser críticos con quien gobierna y que se pongan de acuerdo".

La clase media es el deseado “centro político” de la sociedad. Es allí, en donde los responsables de campaña de la izquierda han fracasado. Menos obreros, que no abundan, y más trabajadores que se consideran así. Cosas de la dialéctica. Hoy un empleado a tiempo parcial no se considera un obrero. Tampoco un autónomo acosado por Hacienda y por las deudas. Se cree empresario. Errores de la dialéctica. Demasiadas alusiones a reivindicaciones que son lejanas a ese electorado. El 26J algunos le contestaron a unos y otros, con su voto o con su abstención, que a pesar de sus propuestas, no propiciaron mayorías. Ese sigue siendo el mensaje.

Los hechos con tercos. Aún queda una oportunidad. ¿Se la imagina?

 

@Reseneka

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