Los 120 días de Moreno Bonilla (PP)

El Sismógrafo
Pepe Fernández

Juan Manuel Moreno Bonilla ha superado en veinte días el centenar de jornadas de rigor que se le suele otorgar a un político para evaluarle en un cargo de responsabilidad. 120 días o lo que es lo mismo, tres meses y 28 jornadas desde que el 1 de marzo asumió, contra todo pronóstico, la presidencia del PP andaluz en sustitución del interino Juan Ignacio Zoido que accedió al cargo en julio de 2012, tras la amarga victoria de Javier Arenas. Fue elegido en un congreso donde obtuvo el respaldo del 98,54 % de los votos.

Tras casi cuatro meses en el cargo, Juanma Moreno, se ha sentado formalmente en la presidencia del PP-A, pero no ha logrado la autoridad de un liderazgo claro y nítido. Sigue, por tanto, el partido que ganó en Andalucía las últimas autonómicas sumido en una crisis de liderazgo que obviamente preocupa más dentro del propio PP que en el PSOE de Susana Díaz, encantados con el hecho de que los populares sigan sin levantar cabeza demoscópica y electoral desde el 25 de marzo de 2012.Juan Manuel Moreno Bonilla, máximo dirigente del PP en Andalucía

Aunque públicamente ningún cuadro destacado de los populares andaluces se atreve a evaluar al nuevo dirigente, en privado no se cortan un pelo a la hora de proclamar que "hemos hecho un pan como unas tortas con este cambio", describe con cierta pesadumbre un diputado sevillano del PP con bastantes trienios a cuestas.

Da la sensación de que Moreno Bonilla se ha montado en un tren en marcha sin pararse a meditar ni en el equipaje que debería acompañarle, ni los pasos que debiera haber dado tras asumir la presidencia. Sus declaraciones de manual y de laboratorio contra Susana Díaz, la ausencia de propuestas ilusionantes para el electorado de la derecha, su fracaso en la búsqueda del cuerpo a cuerpo con la presidenta de la Junta, la defensa a ultranza de lo que haga - bueno o malo para Andalucía - el gobierno de Rajoy, la critica a la corrupción del adversario sin preocuparle la interna y el kilometraje que soporta semanalmente por los pueblos andaluces son, en resumen, el único bagaje que puede presentar tras cumplir cien días ocupando el sillón de la sede en la calle San Fernando de Sevilla. Un caserón que para Moreno se ha convertido en una especie de matacán desde donde divisa, rodeado, demasiada hostilidad en el feudo sevillano del partido.

El PP de Sevilla, pasa

Lo pudo comprobar en carne propia con motivo de la campaña electoral de las recientes europeas con la escasísima asistencia al mitin central de Mariano Rajoy, cuyas fotos del acto recuerdan más bien una fiesta de fin de curso en un colegio de pago.

El pasotismo de la militancia popular sevillana  habría que enmarcarlo en las secuelas no superadas - heridas sin cicatrizar más bien- que generó el atípico y tortuoso proceso de su designación desde Madrid para presidir el partido. Cuando la sociedad, ya sea de izquierdas o de derechas, reclama mayor protagonismo en la vida de los partidos, en el PP se impuso un  descarado y sonoro dedazo de Rajoy quien, hasta el último momento, mantuvo en vilo a la militancia andaluza con sus frenazos e indecisión. Mientras que los socialistas impulsaban unas primarias exprés, con todo atado y bien atado para que triunfara Susana Díaz, en el PP ni siquiera disimularon el ´ordeno y mando´ de don Mariano Rajoy. Al concluir el proceso de cambio y sucesión, para colmo, se supo que el desenlace final había sido diseñado tiempo atrás en ciertas reuniones conspirativas celebradas en la Sierra de Madrid, en secreto, mientras que en Andalucía, Zoido, lanzaba a José Luis Sanz como su sucesor, bendecido por la secretaria General María Dolores de Cospedal. Unos y otra, al final, quedarían no solo en ridículo, sino en una muy notable debilidad política dentro y fuera del partido. A todo esto, con José Luis Sanz camino del Tribunal Supremo por el Caso Tomares.

Moreno Bonilla aparentemente no era una mala opción a pesar del dedazo. Reunía un perfil similar al de Susana Díaz, criado en las cocinas del aparato del partido, sin vida laboral fuera de la política pero curtido en cargos públicos. En su caso, ocupando como último destino, junto a Ana Mato como ministra, una Secretaría de Estado para asuntos sociales en tiempos de vacas flacas, donde la crisis y los recortes han mermado las ayudas públicas a los sectores más necesitados del país y con la Ley de Dependencia convertida en papel mojado.

Pero en la batalla sureña interna de la derecha, Bonilla tenía  a su favor el hecho de ser malagueño, la provincia más fuerte del PP y la más crítica con el histórico centralismo sevillano en la cúpula del partido, primero con Arenas y después, tras su "abdicación", dejando como heredero al alcalde de Sevilla. Una decisión que se ha revelado finalmente como uno de los errores estratégicos más clamorosos de la derecha política andaluza -tras el del 28F- a la vista de los resultados políticos de quien tenía que defender la ciudad de Sevilla por encima de un proyecto regional de partido.

Sin duda a Moreno Bonilla le ha tocado bregar con esa herencia envenenada, haciendo esfuerzos para que las organizaciones provinciales del partido dejen de ser pequeños reinos de taifas y vuelvan al redil de un proyecto global para la comunidad, a las órdenes de un líder que tiene que demostrar la autoridad que le concedió un congreso a la búlgara. Una tarea harto difícil, casi imposible, asegura un ex dirigente regional del partido. "El agua que se derrama es muy difícil recogerla", describe gráficamente ese capitulo de desactivación del partido que ha sufrido el PP andaluz en estos dos años últimos.

Sin política de comunicación

Pero no acaban aquí las barreras que debe superar quien quiere y necesita convertirse en líder natural del partido, sobre todo para evitar que le retiren en mitad de la carrera.

Su política de comunicación, por ejemplo, brilla por su ausencia. Aún a día de hoy en el PP-A, se manejan intangibles listas de periodistas "amigos" y "enemigos", heredada de la etapa de Arenas/Zoido. Dicen que Moreno está buscando ahora un nuevo jefe de prensa, pero mientras tanto sigue usando el mismo de los últimos veinte años. Para colmo, se supone que, sin su visto bueno, tolera que el PP-A se adentre en descalificaciones e iniciativas parlamentarias contra tertulianos críticos con su política en la tv pública de Andalucía, obviando que también opinan allí en libertad periodistas adscritos a instituciones del PP e incluso portavoces institucionales del partido con claro perfil político y carné de militantes. Todo ello sucede en un contexto de divorcio claro del PP con la profesión periodística andaluza. Ahí está el caso del Ayuntamiento de Sevilla, cuyo alcalde lleva meses dando largas para recibir al presidente de la Asociación de la Prensa hispalense, Rafael Rodríguez. Debe de estar temeroso de lo que vaya a oír en ese encuentro. Uno de los temas a plantear en esa reunión, según mis noticias, es la persecución a la que Zoido y su equipo de prensa han sometido a destacados periodistas en los últimos tiempos, impulsando sus ceses  e incluso despidos, a cambio de inversiones (o promesas) de dinero público en publicidad institucional. Una política y unas prácticas discutibles y antidemocráticas que no solo se han puesto de moda en Sevilla, también en otras provincias de la mano de organismos públicos gobernados por el PP, algo, por cierto, que siempre le criticaron a los socialistas.

Aunque el resultado de los populares andaluces en las últimas elecciones europeas ha sido catastrófico y demoledor, con casi diez puntos por debajo del PSOE de Susana Díaz, no es justo ponérselo en el "debe" de Juanma Moreno Bonilla. Pero, sin duda, es un síntoma no solo debido al desgaste del gobierno de Rajoy, también al cúmulo de despropósitos que rodean al nuevo dirigente de la derecha política en Andalucía. O Bonilla cambia, acercándose mucho más a las bases y a la militancia del PP, encabezando ante Génova 13 las reivindicaciones del electorado de la derecha andaluza y el poder orgánico del PP andaluz, o las circunstancias le acabarán  apartando de una carrera en la que ha arrancado de forma improvisada y sin el consenso real, solo aparente, de los cuadros y las bases andaluzas del partido.

De momento, ya sabe que Susana Díaz no se marcha a Madrid a corto plazo; será la cabeza del cartel electoral del PSOE-A cuando ella decida la convocatoria y, a la vista de los acontecimientos en el seno del PSOE federal, Bonilla no debe descartar que el calendario se acorte más de lo previsto. Y eso supondría, si el electorado no lo remedia, una nueva derrota de la derecha frente a la izquierda, que así lleva más de tres décadas en Andalucía. Juanma Moreno está a tiempo de dar un golpe de timón al rumbo de la nave popular andaluza. Otra cosa es que Javier Arenas, que aquí sigue marcando y tutelando el territorio del PP, se lo permita. De momento, lo más urgente, es cortar de raíz la peligrosa senda que ha iniciado su imagen y su figura, que empieza a ser víctima del sarcasmo, la chufla y el cachondeo. Síntoma inquietante para el prestigio y la solidez de un dirigente político que quiere llegar a gobernar la Junta de Andalucía.

Comentarios

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