Los genios también bailan

EL COLOR DEL CINE
El color del cine

Voy a  confesaros uno de mis más íntimos y oscuros secretos. Después de tantos años de vivir en el miedo a que alguien lo descubra, creo que ha llegado el momento de que España entera y el mundo lo sepa: siempre he querido aprender a bailar claqué.  Ya está, lo he dicho, y a mi foto de perfil de Facebook no le ha aparecido automáticamente un filtro  de la 'banderita' del Orgullo, qué cosas.

Como no podía ser menos, este deseo irrefrenable de tacón punta, tacón punta, acompañado de una música ligera de orquesta, nació al  acercarme al maravilloso mundo de los musicales. Toda mi experiencia  y admiración gira alrededor de los dos artistas totales, dos grandes astros masculinos que brillaron con luz propia en la época dorada del género: Fred Astaire y Gene Kelly. Estos dos nombres no brillarían tan intensamente si no fuera por  grandes acompañantes, primordialmente femeninos, como la niña de mis ojos, mi favorita sin duda, Judy Garland, o Ginger Rogers, Rita Hayworth Eleanor Powell, entre otras. También hubo grandes compañeros, como pueden ser Bing Crosby, o el mismísimo Frank Sinatra. Toda esta gente se merecería un artículo propio, así que intentaré centrarme primordialmente en estos dos grandes para no abarcar mucho y apretar poco. 

https://www.youtube.com/watch?v=mAB12aeI6nA

Frederick y Eugene, Eugene y Frederick. Dos hombres y dos formas de bailar. Podríamos decir que nos encontramos ante el Messi y el Cristiano de los artistas de musical, aunque, obviamente, con mucha más clase, menos ruido mediático y sin gritos estúpidos al recoger premios, claro está. Ambos son completos, superiores a la media, y aun así completamente diferentes.

Fred es la delicadeza, la tranquilidad, el saber hacer. Cómo realizar una rutina espectacular sin perder la sonrisa sin un pelo fuera de lugar, ni tan siquiera una mínima falta de aliento. Un artista más que completo: bailarín, coreógrafo, cantante, con presencia en cine y teatro, revolucionario del género por completo al usar la secuencia única en los bailes, dentro del ritmo propio de los acontecimientos de la película, con un plano fijo y abierto para captar bien la escena. Fred Astaire es elegancia, un fluir en sus movimientos. Aéreo. Hace fácil lo imposible. Además de su elegancia natural, su voz siempre lo acompañó (a pesar de que él mismo insistía en que no sabía cantar) y fue un gran intérprete musical, regalándonos los oídos con versiones de los grandes clásicos de su tiempo. 

https://www.youtube.com/watch?v=WOYzFKizikU

Considerado el mejor bailarín del siglo XX por muchos, pocos años antes de su muerte declaró que ya podía morir tranquilo, que había encontrado a su digno sucesor en Michael Jackson, ahí no es nada. 

https://www.youtube.com/watch?v=fFJrV3pI5Zs

Gene, por otro lado, es la fuerza, el trabajo físico, un portento trabajado desde muy joven, un hombre que reúne todos los tópicos  del 'Sueño Americano'. Un hombre con orígenes humildes, que por su esfuerzo llega a lo más alto, y que en plena efervescencia de su carrera,  en un ejercicio de patriotismo, decide ir a combatir por su país tras el bombardeo de Pearl Harbor. Todo un héroe americano, más fuerte que un limón, galán, con una presencia física abrumadora en escena, además de un  gran intérprete, con el que siempre se especula cuán lejos habría llegado si no se hubiera centrado en bailar. Aunque tampoco podía ser perfecto: a pesar de tener una voz más que aceptable, si le ponían a Judy Garland al lado, una de sus parejas habituales — y con permiso de Astaire y Rogers, mi favorita—, pues pasaba lo evidente, que se lo comía con patatas. 

https://www.youtube.com/watch?v=SPs_tBlCe8E

Como decíamos de Fred Astaire, que era aire, de Gene Kelly decimos que es gravedad. Un hombre que pesa en el escenario, cuya presencia y carisma no tienen límites, al igual que su sensualidad, su capacidad de expresar sentimientos con su cuerpo, una de sus cualidades más notables. También revolucionó el género a su manera, rodando por primera vez en escenarios exteriores reales, con una creatividad y una forma de vivir el baile única. No un cualquiera es capaz de dirigir, coreografiar y protagonizar Cantando bajo la lluvia. Todo a la vez, como un campeón. 

https://www.youtube.com/watch?v=VGk3tY4yP7k

Para terminar, me gustaría dejaros con las interminables piernas de Judy Garland (que está guapa hasta disfrazada de mendiga) y su eterna sonrisa, rodeada del cuerpo de baile más estrambótico que habrá visto jamás el cine. El musical, ese género que nada entre el blanco y negro y el color, testigo de una época con un toque naif que lo hace terriblemente encantador. Esa inocencia del cine, completamente perdida, esa ausencia de realismo en los escenarios y que a la gente le diese completamente igual, ya que a lo que iban era a ver bailar a estos dos grandes, esa forma de sonreír y esa complicidad entre un hombre y una mujer bailando y cantando es algo que está perdido en nuestro mundo actual. Quién no ha pensado alguna vez: “qué bonito sería vivir en un musical.

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