Los peligros de extremistas y radicales

EL PLUMILLA ERRANTE
José Antonio Gaciño

Cuando los presuntos moderados advierten de los peligros que acarrearán a la economía española los extremistas y radicales, con sus medidas sociales y sus aumentos del gasto público, no están diciendo exactamente que esas medidas sean ineficaces, que está por ver que lo sean (las de los presuntos moderados ya se sabe para quiénes son eficaces y hasta un ministro en funciones ha llegado a reconocer que se han pasado cuatro pueblos con la austeridad). Lo que están diciendo en realidad, incluso aunque ellos no sean muy conscientes de ello, es que, si esos extremistas y radicales llegan a gobernar, ya se encargarán esos que llamamos genéricamente los mercados y los inversores de que esas medidas sean ineficaces.

Son los límites de la democracia, que cada vez parecen dejar menos margen para las alternativas. Porque esas medidas, que ahora se tachan de extremistas y radicales, habrían encajado en cualquier programa socialdemócrata europeo anterior a Tony Blair (que se llevó la fama con su “tercera vía”, aunque no fue el único en consumar la “rendición” ante la contrarrevolución neoliberal puesta en marcha por Reagan y Thatcher).

Pero en estos momentos, en la Unión Europea, entre cuyos países fundadores figuran algunos de los escenarios de la edad de oro de la socialdemocracia, predominan criterios inflexibles de restricción pública, que se aplican –o se obligan a aplicar– por parte de todos los gobiernos, incluidos los formados o compartidos por partidos socialdemócratas (Francia, Italia, Portugal, Alemania…) y hasta el de Grecia, el único de izquierda radical. En este contexto europeo, de vigilancia de cualquier alegría presupuestaria con fines sociales, puede que ni siquiera los mercados y los inversores tengan que molestarse en boicotear medidas presuntamente extremistas y radicales. Se pierden antes en el laberinto burocrático-político de la UE.

No estaría de más, por cierto, que esta nueva campaña electoral en España dedicara más atención al espacio europeo en el que tiene que desarrollarse una gran parte de las tareas de gobierno, aspecto que se toca muy de paso, por ejemplo, en los cincuenta pasos que están dispuestos a dar juntos los presuntos extremistas y radicales de la coalición anatematizada por los presuntos moderados (que tampoco se esmeran mucho en explicar cuál es su visión del caos europeo, en el que parece que lo único claro es preservar los beneficios de los bancos alemanes).

Y no estaría de más porque, a la chita callando durante tres años de negociaciones supersecretas, se nos está acercando el desembarco del gran acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos, el misterioso Tratado de Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, siglas en inglés), que parece que es algo más que un tratado comercial. Por lo que se sospecha y por lo que se deduce de las filtraciones realizadas por Greenpeace, podría ser algo así como una gran expropiación de lo público (desde los servicios hasta la justicia) a mayor gloria y beneficio de las grandes corporaciones privadas. A saber quiénes son más extremistas y radicales.

@jagacinho

 Tony Blair

 

 

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