Los políticos que siempre debimos tener

BRUTO PERO NOBLE (SUTILEZAS DESNUDAS)
Agustín Madariaga

Iñaki Azkuna, premiado como mejor alcalde del mundo, ha muerto entre el cariño de sus ciudadanos, de todas las ideologías menos de una, con la que mantenía agrios enfrentamientos incluso cuando el matonismo político batasuno hacía que más de uno se tentara la ropa antes de enfrentarse a ellos.

Azkuna transformó una ciudad y no dejó un euro de deuda y creó el servicio vasco de salud. Era un bilbaíno de los que ejercía. Él mismo decía que los  bilbaínos eran fanfarrones serios y honrados. Es decir, como él. De esos que trabajan hasta no poder con su alma para poder tener el orgullo de lo que han hecho.

Tenía la ironía británica, con la salsa de la brutalidad exagerada hasta el esperpento, que caracteriza a los bilbaínos. Era culto y sibarita y por tanto tolerante con el otro. Católico en su casa y laico en el ayuntamiento, como él mismo confesaba y siempre honrado. Hablaba de los intrusos y los ignorantes que habían poblado la política para aprovecharse. Era su antítesis.

Y todavía no recuperados de esa noticia llega lo de Adolfo Suárez. No compartía ni sus ideas ni la visión ideal de la transición que tanto ha circulado por España. Pero Suárez era hijo de su tiempo y lo que hizo –más bien lo que pudo hacer- también.

Ambos políticos cuentan con el respeto de sus ciudadanos y de sus rivales, que es mucho más de lo que pueden decir hoy casi todos los que están en ella.

Harían bien en mirarse en ellos. Arriesgar sus sillones por lo que consideran correcto, utilizar el dinero con diligencia y trabajar por el bien común, aunque las circunstancias no siempre sean las más propicias.

Los líderes saben aglutinar a los que no piensan como ellos porque respetan al otro. Cometen errores, como todos, y tiene defectos (¿Quién no?) pero se distinguen por tomar decisiones difíciles y por discutir y debatir desde el respeto y la decencia intelectual. Eso requiere de preparación y de una mente abierta. Pero sobre todo de la capacidad de escuchar y sacrificar algunas de las cosas que piensas para alcanzar un objetivo que sea beneficioso para todos.

Suárez se enfrentó a los fantasmas del fascismo y Azkuna a los matones de la política. Con el resto mantuvo serias discrepancias pero jamás se les oyó descalificarlos o insultarlos. Trabajaron duro (ambos eran adictos al trabajo) y consiguieron lo que buscaban: traer la democracia a España y transformar su ciudad. Vencieron resistencias con cintura política cuando hacía falta y con voluntad de hierro cuando era necesario.

Ya no quedan personas así. Lo decía Machado: “Hoy sólo quedan lágrimas para llorar. No hay que llorar. ¡Silencio!

Se van dos hombres que no tienen nada en común con mi forma de pensar. Pero que me merecen un respeto que hoy, buscando y rebuscando, en el panorama político, no puedo sentir por nadie. Y pienso con nostalgia la necesidad imperiosa que tenemos como sociedad de encontrar a alguien de su altura para afrontar la situación que vivimos.

Comentarios

Ahí va la ostia...!!! un tío

Ahí va la ostia...!!! un tío lleno de Bilbao, el mejor alcalde del mundo suerte habeís tenido los bilbainos y los que os hemos visitado. D E P ...

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