Rien ne va plus: Eurovegas era un cuento

BRUTO PERO NOBLE (SUTILEZAS DESNUDAS)
Agustín Madariaga

Eurovegas se va a Asia, donde juegan más que nosotros, en todos los tableros. Diría yo que afortunadamente Adelson se lleva su casino a otro lugar. El que tenemos aquí es de los de toda la vida: la banca siempre gana.

Proponía el magnate del juego (con todo lo que ello significa en cuanto a catadura moral) que su inversión y posibles pérdidas estuvieran cubiertas por el Gobierno. Adelson no es banquero, así que le han dicho que no. Ser empresario y pedir que te cubran las pérdidas debe ser el no va más de la excelencia. Es como ser trabajador y que te aseguren el sueldo de por vida aunque te despidan pero en versión más finolis y de cemento armado, por la edificación y la trama del rostro.

Si se trata de crear miles de puestos de trabajo precarios, saltarse todas las leyes y no invertir realmente un euro (puesto que la reinversión está asegurada) hay varios millones de españoles dispuestos a aceptar crear una empresa y dar empleo. El que Adelson se vaya a Tokio muestra que en realidad quería poner un casino en el lugar donde se celebraran los juegos olímpicos y que la pantomima de concesiones y peloteo de los políticos eran un juego. Y entre tahúres siempre gana el más experimentado.

El gobierno de la Comunidad de Madrid consideró el maná del empleo este proyecto de cartón piedra, en el que Adelson no arriesgaba nada y ellos pusieron en la mesa la escasa dignidad que les quedaba. Se acabó el juego. Comienzan a aparecer los papeles de Caja Madrid, los castillos en el aire alumbrados para despistar se desvanecen. Ni hay juegos olímpicos ni juego de tapete. Ni máquinas tragaperras (salvo Bankia claro está).

Sin casino queda al aire el juego sucio de una promesa de empleo mentirosa, de un grupo de dirigentes acostumbrados al fasto, al oportunismo y la mentira.

Pero ya lo dijo Linconl: “Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.

Sólo nos queda decir a esta casta de engañabobos que no, que no nos engañan más:

“Rien ne va plus”. A la calle, que su crédito en este juego se ha acabado.

 

 

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