Sombras de fado

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

                     “Porque la vida se ríe de las previsiones, 

                      pone palabras donde imaginamos silencios 

                      y súbitos regresos cuando pensamos que 

                      nunca volveríamos a encontrarnos”. 

Decía el genial escritor portugués José Saramago en una alegoría que hoy, seis años después de su muerte, podríamos recuperar, mientras Portugal entera festeja la gran fiesta que el fútbol, y por sorpresa, ha colocado en el centro de sus vidas. 

Portugal ha ganado la Eurocopa, interpretando el último gran fado de su fútbol; el equipo portugués ha conseguido reescribir la historia, retorciendo la obtusa realidad que les situaba a la sombra del ruido y rindiendo homenaje a todas aquellas generaciones de grandes futbolistas, Eusebio, Figo, Coluna, Futre, Rui Costa, Chalana, que tantas veces soñaron con este momento y nunca lo lograron. 

Pero el fado, esa música típica portuguesa, cargada de nostalgia y melancolía, ese quejido desgarrado en el que se juntan fatalismo y frustración, ha cambiado su letra por unas horas. 

Y es que, aludiendo siempre a Saramago,  “la derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva”.

Portugal supo enrocarse en un fútbol de luces y sombras, en un estilo aseado, pundonoroso y racional; apelando al orden y al trabajo, para lograr el gran premio de los paladares solidarios; conscientes, después de tantos desencantos, de tantos vaivenes y frustraciones, que el éxito proviene de una combinación de inteligencia, habilidad y fortuna. Supo defenderse codo con codo en una final donde parecía tener atribuido un papel secundario, aguantando de pie las embestidas de una Francia a quien el peso de la responsabilidad le jugó una mala pasada. 

No ha sido la mejor Eurocopa que podíamos esperar, no se han visto partidos brillantes y el fútbol parece haber dado un paso atrás, con los equipos situándose más cómodos sin la pelota que con ella. 

En ese escenario, los portugueses supieron adaptarse a las circunstancias y convertirse en héroes inesperados de la historia, no contaban en las quinielas, si es que las quinielas contaban para algo, hasta conseguir descifrar la música que les identifica, la que mejor interpretan. Portugal siente orgullo del fado de su fútbol. 

@AgCastellote

 

 

 

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