Horas después de terminar el partido, pasada la resaca de fútbol, goles, portadas y elogios por la gran gesta conseguida, todavía permanece en nuestra retina ese repleto estadio de La Rosaleda, esa abnegada afición malacitana, entregada en cuerpo y alma con su equipo, sin querer despertar de ese sueño maravilloso y en la seguridad del que, en ocasiones, denostado deporte llamado fútbol, donde anidan tantas cosas, tantos personajes, tantos intereses y tantos sentimientos, es capaz de ofrec