No sabemos quiénes son nuestros enemigos. No son fácilmente identificables. Antes si. Estaban localizados. Los de ahora, no. Pero todos comparten sentimientos o estados mentales como la codicia, la envidia, la cobardía, la austeridad impuesta y la austeridad consentida. Una cosa es la Unión Europea y otra, el euro. Sólo un país puede alcanzar la supremacía económica y ya sabemos quién es, ¿no?