El gasolinero

El monóculo del conde

El Gasolinero
Francisco Navarro

El conde de los Monteros se ajusta el monóculo. Es un cristal completamente neutro, un recorte de un vidrio de ventana, como si dijésemos, un adminiculo nada necesario, sencillamente estético y conscientemente colocado para remarcar su posición. Es como la paja de la escoba que el hidalgo del Lazarillo se pone en la boca al asomarse a la puerta tras no comer.

La nueva vida de Herminia Deogracias

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Francisco Navarro

Herminia Deogracias Expósito, a pesar de los apellidos incluseros pertenece a una eterna y modélica familia de Carrizosa, provincia de Ciudad Real. Doña Herminia  es viuda, setentona y todavía está de buen ver. Enviudó hace cuarenta años de un capataz de camineros de Valdepeñas que mandaba una brigada de peones que anduvo bacheando la carretera de Villanueva de los Infantes.

Relojes, como excusa y desahogo

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Francisco Navarro

El reloj de la torre es el único superviviente de la Guerra del Fin del Mundo. Es blanco, sin números romanos, el nombre de una relojería de Valencia y además, toca cuando le da la gana y quiere.

El ego que no cesa

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Francisco Navarro

No sé a ti, inexorable lector, pero a uno, seguramente se deba a la provecta edad que va alcanzando, cada vez le agotan más determinadas actitudes, especialmente la presunción vana y, quizás más, la condescendencia. Ambas macas suelen casi siempre darse, a la vez,  en las mismas personas.

El pájaro en el alambre o el final de don Arturo

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Francisco Navarro

Don Arturo Sánchez Manzanares está sentado plácidamente a la sombra de los escuetos arboles, en la terraza del casino de San Fernando, —cuando los verdes campos han sucumbido al ocre seco y polvoriento de los rastrojos— agita el café con leche con la cucharilla para disolver el azúcar y enfriar el líquido.

El golf, un deporte de caballeros

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Francisco Navarro

El golf es un entretenimiento de caballeros que se empezó a jugar en Escocia en el siglo XV. El objetivo del juego es introducir una bola en los agujeros que hay distribuidos estratégicamente por el campo. Para ello hay que golpear la esfera con una serie de palos en forma de garrota, eligiendo el que más conviene y dándole a la pelota con la vuelta de la garrota, como si dijésemos.

La victoria de unos tipos normales alegra la casa del pobre

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Francisco Navarro

Dada la debilidad de quien esto escribe por el acceso a los jardines y dejándose llevar por el momento deportivo, mimetizándose con el paisaje y siguiendo a pies juntillas el aserto de aquel paladín de los cines de verano, «be water my friend» a la sazón,  uno se propone acceder a una floresta neoclásica e ignota: la Eurocopa.

La naranja no es fruta estival

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Francisco Navarro

Pese a lo que se diga, la naranja es una fruta de invierno. El verano es una época catártica de fuego y purificación pero sin toronjas. La única alegría en la casa del pobre durante el frío septentrión es la voluptuosidad de la fruta; ese olor a frondosidad, sol y levante augura —para el que  llegue—lo que espera en el estío.

Los abanicos son para el verano

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Francisco Navarro

Hay gentes con habilidades extrañas. Doña Pepita me viene a la memoria en estos tórridos días de entrada del verano, tiene una especial maña en mover el abano. Es capaz de aguantar más de diez minutos sin parar, con ritmo cadencioso, golpeándose ligeramente en el pecho con el abanico.

El precio de la fama: historias infames

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Francisco Navarro

En la Historia Universal de la Infamia, Borges, fabulando sobre hechos reales nos relata las aventuras de “El atroz redentor Lazarus Morell”, en el Misisipí a finales del XIX; “La viuda Chin, pirata”, que se enfrenta al emperador de la China; “El impostor inverosímil Tom Castro”, sustituir a un tipo por otro tiene consecuencias; “El proveedor de iniquidades Monk Eastman”, 15 dólares una oreja arrancada, 19 una

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