Agosto, 2012
Recibo penúltimas noticias desde la constante promesa de nuevo mundo que ofrecen el aire y la visión del mar en esta costa suroccidental de España, occidental de Andalucía, luz de Huelva perfumada de jara. Se me ha puesto alrededor del cuello la tremenda bajada de límite de deuda a la comunidad autónoma andaluza. Aprobado un primer techo hace 2 meses, de repente uno nuevo es 2.700 millones más bajo. Matemáticas confieren argumento matemático, disculpen la obviedad, pero, razón objetiva, las matemáticas pueden, sin embargo, integrar la expresión del más acerado sofisma, esto es, de la falacia de mejor apariencia. Operación matemática igual puede pretenderse paradigma de igualdad, pero aplicada numéricamente a lo desigual esa igualdad podría ser una puñalada si no fuese, como parece el caso, un cañonazo. Quiero, en definitiva, expresar que, si se trataba de apoyarse en el machaque solidario de quienes tienen menos deuda para dar alguna posibilidad a los más asfixiados por su nefasta gestión, habría sido preciso, cuando menos, que se anunciase clara, nominal, detalladamente. Apañamos la perspectiva a presentar a Alemania y de paso se joden los andaluces, ah, se siente, son matemáticas: tal parece haber sido la inteligencia del ministro de Hacienda o el éxito en él de sus asesores.
El caso es que sigo pensando que la demanda de la Unión, es decir, de Alemania, la jefa de la Unión, no es que se detraiga la paga de navidad a los funcionarios españoles. Es que vayan a la calle 60.000 personas, a cambio de la recentralización del poder en Madrid y el pase a mejor vida de la fórmula constitucional española de descentralización a través de las autonomías y sus mamandurrias, con el objetivo, no de 102.000 millones de euros de recorte en dos años, sino de 175.000 millones en sólo uno, groso modo, merecido espabilaburro a un sur desahogado que cuánto tiempo lleva de tenerse creído qué.
Sí, como hoy he leído que alguien dice, el sur desahogado y mediterráneo supo acoger y ayudar a la Alemania salida de un par de incidentes digamos que destacadillos ambos, acaso en especial el segundo. Pero la cuestión, disculpen mi cuestión, es si Alemania no flirtea con la eventualidad de un tercer incidente destacadillo. Porque la descentralización constitucional del poder público en España es eso: acción de su poder constituyente. Son palabras Muy mayores. Las mayores. Y sea cual sea la genética ideológica de quienes han sido elegidos para ejercer Gobierno en España, socavar, aun por matemática tremenda y no por bombardeos, el poder constituyente de un país es negar a ese país, invadirlo. No cubre semejante violencia la aceptación libérrima de una Unión que no implicaba invasiones. Sí cesiones competenciales a entidad supranacional, también libérrimas, pero ningún No a ese tipo de decisiones ha salido de España. ¿Cuánto estaría dispuesta Alemania a renunciar a su estructura federal?
En España, ninguna genética ideológica debería olvidar que, si Una por la fuerza –que sólo por la fuerza ha sido Una en el sentido total-, España no es ni Grande, ni Libre. Macháquese la calidad de Televisión Española, pero no se renuncie alegre ni depresivamente a la dignidad constitucional y democrática de un país tan obligado en su historia, por desgracia, a ser especial.
@carlosmariaruiz

















Comentarios
No acabo de entender el sentido ultimo del articulo... La necesaria supresion de las duplicidades y de las mamandurrias, que narices tiene que ver con la negacion del poder constituyente y la invasion de nosesabequien?...
Con todo respeto. La descentralización del poder político es en España hija de poder constituyente. De modo directo y "sine qua non". Palabras como las recientes del ministro alemán de Exteriores (vea que sí-se-sabe-quién) en el sentido de "la descentralización política es un lujo", habida cuenta de la brutal (y cuestionada por muchos expertos) exigencia de austeridad que, a instancias de Gobierno alemán, nos atenaza, suenan a una falta de respeto a decisión constitucional que, por proceder de otro país y de otro país con tanto poder, linda con lo invasivo.
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