El corazón, ese músculo tonto que es tu amigo

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

Las calles hierven y todos miran a un sol convertido en francotirador del verano, un dios que nos devuelve balas de fuego.  A mediodía todos corremos a cobijarnos de sus rayos y de sus balas. Cuando no hay sol parece que paseamos borrachos de soledad, buscando una bolsa gigante para meter allí nuestras frustraciones. A veces, el corazón humano no sabe no contesta, no quiere saber ni desea contestar. En ocasiones, el corazón humano parece un músculo tonto que busca una pared para golpear o estrellar su cabezota, si tuviera cabezota ese corazón testarudo y torpe que nos mueve. Al corazón,  el tuyo o el mío, hay que hacerle caso porque nunca nos miente.

Nos puede mentir cualquier político de buena lengua y sonrisa de serpiente, pero no el corazón. El corazón muchas veces duele porque dice la verdad y te pide que la apliques, pero tú y yo, nosotros, somos sordos a conciencia. Pecamos. Pecamos porque somos débiles, porque la cobardía invade nuestro territorio y nos muestra el camino fácil de la huida. Entonces corremos hacia la nada, un territorio donde nadie nos conoce o piensas que estás a salvo, porque eres sordo, cobarde y desleal. Y fallamos.

Entonces vienen los lamentos y conectas con tu enfadado corazón y él te arrulla. Porque siempre está ahí, a tu lado, como el mejor de tus amigos.

Nos puede incitar a tomar caminos equivocados esa legión de falsos profetas que nos vende verdades y mentiras como telas de Damasco o trajes de la Quinta Avenida. Aquellos te cuentan que conocen la dirección exacta del Paraíso, los nombres y apellidos del mejor ejecutivo, la habitación donde duerme la estrella que perdiste una tarde en el camino.

No les hagas caso. Mienten. Espera la llamada de tu hermano, de la mucha gente que no dice nada, pero que lo siente todo y siempre mira. Busca en alguna esquina una sonrisa fresca, una mirada hermosa, una mano noble y firme que te indique. Seguro que te conducirá a ver el monte y te saludarán los pájaros. Camina con ellos. Vuela con ellos. Respira. Siente. Hay muchos corazones como el tuyo, un mar en el otro lado del desierto. Nunca dejes de escuchar al corazón. Estás vivo.

Foto: Carmen Vela

 

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