El periodista

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

Odio ser el abuelo Cebolletas cuando hablo del pasado de los periodistas y del periodismo. Evidentemente, los tiempos han adquirido un desagradable color marrón para los periodistas, que no quieren mirar a los mañanas porque el mañana da vértigo y duele. Porque no sólo duele perder el trabajo, lo que más dolor produce es que te vayas al paro con el orgullo roto y tu independencia tan desgarrada como la chaqueta de un espantapájaros.

Yo sé que aquellos tiempos fueron mejores, pero aquellos días de tintineo de las máquinas de escribir, ruido a veces salvaje de los teletipos y humo de los cigarrillos colgándose como lianas sobre las cimas candentes de las lámparas, que escupían a la vez nicotina y secretos, también se bañaron de lágrimas. Porque no conozco un solo periódico, ni uno os digo, que navegase con velas de Libertad e Independencia absolutamente limpias. Ninguno.

Pero el periodista, aunque caminara bajo el paraguas de periódico o emisora de una u otra tendencia, se sentía bien consigo mismo y si no era así, miraba a los cielos, apretaba los dientes, tiraba de talento y se ponía a esperar la bendita lluvia en forma de aventura en otro medio. No faltaba trabajo.

Hoy, nunca sale el sol en el lado de la Prensa. Los empresarios y los bancos decidieron que los medios periodísticos quedaron amortizados en alguna habitación con púas y café de máquina. Al precio de uno me ahorro quince.

En Andalucía, un albañil y un periodista vuelan hacia el abismo: los dos colectivos más golpeados por el mazo del desempleo. En Madrid, septiembre es un mes fatídico de Eres y despidos.

Hoy, Larra trabajaría en una lavandería; Azorín no serviría ni para arrimar cafés en el Gijón y el bueno de mi amigo Belarmo se devanaría los sesos para saber si un link es un sucedáneo del gin tonic que tanto amó o un aparato para coser los bajos de sus pantalones.

Hoy, los jóvenes periodistas se ven obligados a lanzarse sin red a un mundo que les escupe indiferencia y les regala cadenas. La libertad que estudiaron en los libros de texto es una porcelana china que se pudre en un todo a cien. La independencia tiene nombre de mujer, pero sólo es un dragón disecado en el despacho del presidente de un banco, un tipo que jamás se lió un peta y sueña con llegar un día al infinito de ganancias.

Pero has de tener en cuenta, lector: Un periodista es un tipo como tú y yo, un soñador que hace de carne y hueso las historias; un escribidor que siempre va de frente y te dice cosas al oído; ese pepito grillo que nunca duerme, casi nunca come y siempre vive. Vive para ti, para que sepas que alguien puede caminar a tu lado sin pegarte zancadillas. Y hasta da su vida para que tú sepas que hay vida. Es el periodista.

Foto: Carmen Vela

 

Comentarios

Si, está claro, pero eso pasa también con los informáticos, con los funcionarios... la única diferencia es que un periodista puede publicar artículos y los otros no.

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