Es hora de aullar
Cuenta Caballero Bonald en su libro de la memoria una anécdota típica de la Sevilla de la posguerra, de cuando el escritor Romero Murube era alcaide del Alcázar, que ilustra el temperamento levantisco que tanto echamos en falta en estos tiempos que corren. Resulta que Abdullah, Rey de Jordania, invitó a la jaima real montada en los jardines del palacio mudéjar a la más hermosa de las bailaoras flamencas que amenizaron aquella velada nocturna organizada en su honor. Abdullah se valió de un intérprete para recitar a su invitada que las estrellas copiaban el brillo de sus ojos, que la luna se hundía en la alberca como una mirada en la otra y otros cumplidos parecidos. Tras un incómodo silencio, la bailarina respondió con una exclamación lapidaria: “Servidora no folla”.
Viene todo esto a cuento de nuestro vergonzoso silencio ante el lenguaje de eufemismos de estos nuevos encantadores de serpientes que nos llevan al huerto y nos la meten doblada, con la reforma laboral, con la hegemonía de los mercados y con el secuestro de la libertad, la democracia y los derechos ganados con sudor, sangre y lágrimas por varias generaciones de trabajadores.
Porque no somos inocentes. “Tendríamos que indignarnos mil veces más”, le he oído decir esta semana a José Luis Sampedro, un intelectual que ha renunciado a sus 95 años a que se le identifique como economista, porque “se dedican a hacer más ricos a los ricos” y él prefiere “hacer menos pobres a los pobres”.
Hemos perdido la capacidad de llamar a las cosas por su nombre y lo que es más grave, el deseo de dar al ser humano un destino digno. Cada vez nos parecemos todos más al “hombre-masa” que definió Ortega y Gasset, incapaz de otro esfuerzo que no sea el impuesto como reacción a una necesidad extrema. Ya lo decía el clarividente y añorado Saramago: “Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos”. Al aumentar nuestro temor a la crisis, los bajos instintos del ser humano y nuestro egoísmo están alcanzando los extremos más miserables. Quizás haya llegado ese día lluvioso del ensayo sobre la lucidez en el que todos los electores deciden votar en blanco, casados de la politiquería reinante. Ha llegado el momento de fingir ser ciego para guiar a otros ciegos.
He seguido con interés en estos días la participación de otro intelectual y poeta, Luis García Montero, en unos cursos de verano organizados por la Universidad Pablo de Olavide. Le he oído reflexionar en voz alta sobre la sociedad como obra del ser humano y de nuestra responsabilidad en este sometimiento a la rentabilidad, el dinero y la especulación. García Montero ha dicho que “nuestra sociedad ha aceptado una educación al servicio de la rentabilidad económica y más que ciudadanos, se forman a futuros empleados o desempleados”. Tiene toda la razón del mundo.
Por eso es hora de aullar. Es el momento de decir de una sola y puñetera vez, como la bailaora cortejada por el rey de Jordania, que “servidora no folla”.

















Comentarios
Es evidente que los sátrapas estos se ponen cachondones cuando llegan a Sevilla. Otro rey de similar pelaje visitó Sevilla a mediados de los ochenta y también tuvo cuadro flamenco para amenizar la cena, que fue en el Alfonso XIII. También tuvo un capricho y también se lo enviaron a la alcoba. La diferencia es que en este caso era bailaor y no bailaora, y la noche debió ser larga porque el visitante llegó tarde a un encuentro oficial que tenía al día siguiente por la mañana.
Prepárate para aullar aún más cuando se hagan públicas las nuevas medidas del gobierno. Joaquín, Montse y otras.
Enviar un comentario nuevo