Federico Franco ha conseguido rizar el rizo sin despeinarse

Los mundos de Hachero
José Luis Hachero

Federico Franco ha conseguido rizar el rizo sin despeinarse. Hace unos meses sustituyó al anterior presidente del Paraguay, Fernando Lugo, de un modo tan democrático que lo expulsó sin contemplaciones y se colocó al frente del país sin pasar por las urnas. Hoy clama al cielo porque la asociación de libre comercio sudamericana, Mercosur, le expulsa por tan irregular decisión y le convierte de hecho en una suerte de apestado internacional. Por si fuera poco, Franco asegura que no tiene nada contra Venezuela, que lo sustituye en este mercado común del sur, pero que no puede soportar a Hugo Chávez y le acusa poco menos que de terrorismo internacional.

Supongo Federico Franco tendrá un pulso más certero en su profesión, la de médico cirujano, que en sus diatribas internacionales porque el espectáculo que ofrece fuera de sus fronteras es lamentable. Supongo que el bloque comercial no tiene nada contra Paraguay, que es en sí un país adorable, sino contra su presidente, es decir, el mismo señor Franco que se dedica a pasear su berrinche por la prensa extranjera sin importarle lo más mínimo la imagen que ofrece su país. Porque, recordemos, Mercosur se fundó precisamente en la capital paraguaya, Asunción, en 1991, con Paraguay como socio fundador, y entre todos convinieron que para formar parte de este ilusionante club, que aspiraba a ser la primera piedra de un gran país sudamericano, había que cumplir escrupulosamente con la primera ley de la democracia: respetar lo votado por el pueblo. Y para que no quedara duda, los países integrantes refrendaron la llamada Cláusula Democrática de Ushuaia, por la austral ciudad argentina donde se firmó el acuerdo, y convinieron en expulsar a los dictadores que tantos malos recuerdos han sembrado por todo el subcontinente. El último en incorporarse ha sido Venezuela, un país que, pese a todos los defectos de su incontenible presidente y los defectos que acumula su sistema, no deja de ser un sistema democrático en el que los votantes, pese también a quien le pese, eligen libremente a un candidato. El hecho de que ese candidato no sea de la cuerda del señor Franco no lo deslegitima en el universo democrático y, en cambio, sí ridiculiza al presidente paraguayo en su estéril grito de indignación.

 Supongo que el varapalo de la expulsión es para lamentarse en voz alta. Mercosur cuenta con más de 270 millones de habitantes, engloba al setenta por ciento de los sudamericanos, tiene un producto interior bruto de 3,3 billones de dólares y supone un remedo al mercado común europeo con una diferencia: es el mayor productor de alimentos del mundo. El señor Franco, presidente ilegítimo de su país, debería dejar de insultar al señor Chávez, presidente legítimo del suyo, mirar de frente a su vecino Brasil, de donde ha partido la iniciativa para expulsar al golpista del bloque comercial, y pensar en convocar unas elecciones libres y legales para que país, el Paraguay, vuelva a ser lo que fue: la capital de un imperio comercial que habla tres lenguas oficiales: español, portugués... y guaraní. Porque el guaraní sin paraguayos tiene tanto sentido como el señor Franco sin un bisturí.

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