Héroes y Villanos

Las cosas como son
Agustín Castellote

Escribo este corto relato al calor de otro éxito de nuestro deporte mientras devoro portadas y adjetivos que cuentan la irrupción de un nuevo héroe nacional, uno de esos personajes llamados a formar parte de nuestras vidas, al menos durante un tiempo, hasta que llegue el momento de proceder a su destrucción. David Cal ya es el auténtico señor de las medallas, el atleta que ha dado más gloria y esplendor a nuestro deporte en toda su historia olímpica.

Y aquí es donde comienza esta historia que hoy, entre bambalinas, les quiero contar.

Ocurrió hace 6 años, cuando terminado mi programa nocturno recibí una llamada telefónica del que para mí era un total desconocido, uno de tantos oyentes anónimos que buscan en el periodista una complicidad, un aliado para reivindicar su verdad, verdad que en la gran mayoría de las ocasiones resulta estar cargada de razón. Se identificó como Suso Morlán y dijo ser el entrenador de, un para entonces ya conocido piragüista, David Cal.

Con la vehemencia de su palabra, que contrasta con la timidez del campeón, me explicó, cómo estaban desesperados, cómo unos políticos de todo a cien les estaban engañando y ninguneando, cómo les cerraban las puertas de las Instalaciones Municipales del centro galego de tecnificación deportiva para que no pudieran entrenar y preparar los juegos olímpicos, cómo llevaban sin pagarle 2 años el dinero que le correspondía de su beca deportiva, y cómo, y pese a ser ya por entonces el deportista gallego más importante de la historia, con mundiales y medallas olímpicas colgadas de su cuello, algún iluminado/a de la Xunta, había decidido no incluir a David Cal entre los deportistas gallegos de alto nivel ese año. Así, este proyecto de héroe nacional tenía que entrenarse por su cuenta en la ría de Pontevedra, en medio de la precariedad, sin ayuda alguna, mientras las lujosas instalaciones, de presupuestos faraónicos y pagados por la ciudadanía, me imagino que para el uso y disfrute de familiares y amigos de los dueños del cortijo, le permanecían vetadas. En su desesperación, Suso me contó que dejaban Galicia, su tierra, y se marchaban a entrenar a Asturias, donde les abrían de par en par las puertas de Tarasona para preparar los Juegos de Pekín; eso sí, recuerdo la frase final de aquella intensa conversación que fue demoledora: “Cuando ganemos la medalla, que la vamos a ganar, que no vengan estos políticos que ahora nos humillan para salir en la foto, porque les daremos una patada en el culo”. Reconozco que me impliqué como pocas veces en la denuncia que Suso y David contaron en antena; sus tristes peripecias en medio de la amargura, y que en ocasiones me pareció entender que les llevaba a estar a punto de tirar la toalla. Hablé con el secretario de estado para el Deporte, quién me dio largas con no sé qué rollos políticos de competencias, que yo ni sabía ni me importaban; charlé con el presidente del COE, Alejandro Blanco, un hombre limpio y comprometido, que se puso en contacto con David, antes de coger un avión y presentarse en Galicia para asumir personalmente el problema y solucionarlo.

Hoy, 6 años después, veo las portadas, veo la foto sonriente de David convertido en el gran héroe nacional, adivino a Suso Morlán en la sombra, con su sonrisa socarrona y no puedo por más que pensar. ¡Dios Mio! ¡Cuántos David Cal se habrán quedado en el camino producto de tanta incompetencia!

Comentarios

Si es el único deportista que tuvo problemas en Galicia, ¿no tendrá él algo de culpa? ¿Ganar una medalla exime de hacer el papeleo para solicitar una beca? ¿Las fotos de Cal con políticos del PP a que se deben? ¿Estos ya le pagan las becas? ¿O le pondrán su nombre a la Cidade da Cultura? Me parece Agustín que a esta historia le falta una parte...

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