Las abuelas ganan las batallas de sus nietos

Bruto pero noble (Sutilezas desnudas)
Agustín Madariaga

Hace dos años estuve en Argentina. Era un viejo sueño pasear por Buenos Aires y pisar los lugares que Sábato, Roberto Walsh, Puig, Cortazar y Borges habían convertido en míos. Era un momento especial para mí. Revisar morosamente las librerías, tomar un café y visitar la plaza de mayo. Allí, en el suelo, los pañuelos blancos pintados en el suelo recordaban cada día la lucha constante de unas mujeres. Muy cerca, un campamento de veteranos de las Malvinas recordaba otras atrocidades.

Las madres de mayo comenzaron sus concentraciones en 1977. Querían ser recibidas por la persona responsable de la desaparición de sus hijos y sus nietos: Jorge Rafael Videla. Había que tener coraje para hacerlo: treinta mil argentinos habían desaparecido en la represión, asesinados, torturados, lanzados al mar. Pero comenzaron sus concentraciones. Las tres fundadoras, dos monjas y siete activistas de los derechos humanos supieron pronto el riesgo que suponía: pasaron a engrosar la lista de desaparecidos.

Pero las demás madres siguieron con su lucha. Casi cincuenta años después de que los militares comenzaran sus crímenes, Videla ha sido condenado por hacer desaparecer los nietos de estas mujeres. Han ganado la batalla. No volverán a ver a sus hijos asesinados y puede que en muchos casos tampoco a sus nietos. Pero sabrán que han cumplido su deber: el asesino y secuestrador pagará por sus crímenes. Videla ha sido condenado a cincuenta años de prisión. El dictador no morirá tranquilo en su cama, como nos sucedió a nosotros. Sus colaboradores no podrán lecciones de democracia, como también nos ocurrió en España.

Ernesto Sábato fue quien escribió los nombres del horror, muchos años después de escribir un libro que busqué en mi viaje a Buenos Aires: Heterodoxia. Lo encontré en las librerías de viejo, y fue el re-encuentro con un viejo amigo.

Ayer las madres de la plaza de mayo se re-encontraron con la justicia y nos enseñaron una lección: nada es gratis, nada es dado. Quienes se quedan en su casa con miedo, lamentando su suerte y las injusticias que sufren están condenados. Cuando no te rindes, están condenados los que cometen los desmanes. Han tardado 35 años en conseguirlo. Aprendamos la lección todos. Y no dejemos que el miedo nos paralice e insufle toda la fuerza a quienes han hecho un modo de vida del abuso de la fuerza (sea militar o económica).

Con las treinta mil personas, con los hijos y nietos de estas mujeres, en Argentina desapareció también la justicia social. La doctrina del shock, un excelente documental y libro comienza con un frase estremecedora: “Antes de que la Junta tomara el poder, Argentina tenía menos pobres que Francia”. Y esa lección también debemos aprenderla. La dignidad de las abuelas y madres de la plaza de mayo nos muestra que cuando se vence al miedo, todos los demás son obstáculos que el tiempo y el coraje pueden destruir.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
CAPTCHA
Esta pregunta se hace para comprobar que es usted una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.
España

(C) El Diario Fénix 2011        Contacto:  redaccion@eldiariofenix.com