Sócrates y el “ebook"
Coincido plenamente con la teoría expuesta por Neelie Kroes en “El huffington post”: Las personas que tienen lectores o aplicaciones para libros electrónicos compran libros con más asiduidad. Y no puedo entender por qué no abren los ojos a esta realidad los lectores, los autores y las editoriales. El mercado del libro se ha quedado paralizado de miedo, como esos insectos que se mimetizan con la corteza de madera en la que se posan para no convertirse en la merienda de los depredadores que abundan en la selva, sobre todo en tiempos de crisis. El progreso consiste en renovarse, ya lo dijo Unamuno. Le pasó a la Iglesia en el siglo XVII, a la economía en el XVIII y a la política en el XIX; ahora es el libro el que se ha quedado peligrosamente dormido en sus viejos anaqueles de principio del siglo XX, embutido en encuadernaciones fatigadas y pastas acartonadas.
El Ministro de la agonizante cultura española, José Ignacio Wert, ha afirmado que el libro digital tiene que ser la base del desarrollo del sector editorial. En España en la última semana ningún político dice lo que piensa ni piensa lo que dice y si de verdad lo cree así, el Gobierno español no debería aplicar el IVA super reducido a las ventas de libros impresos y aplicar, en cambio, el tipo más alto a las de libros electrónicos.
En España el negocio digital está por debajo del 3% del volumen de la industria editorial. Europa carece de un mercado único digital y viaja aún a miles de años luz de Estados Unidos, donde sus lectores no padecen incompatibilidades entre plataformas y aplicaciones y disfrutan ya de un mercado único de verdad para el libro electrónico, que representa el 31 % del mercado total del libro. Es quizás un mal momento para poner como ejemplo la legislación y la mentalidad de un país que pone 106 millones de pistolas y 188 millones de rifles en manos de gente normal y corriente, sin ningún tipo de trabas ni cortapisas. En Estados Unidos es posible comprar por internet seis mil balas, como hizo el asesino de Denver, pero también es posible atesorar seis mil libros electrónicos, sin problemas de espacio y por un módico precio.
El propio Sócrates ya temía en su tiempo que la escritura supusiera el fin de la transmisión de los conocimientos porque induciría a sus alumnos a no cultivar la memoria. Mil años después, la imprenta y la cultura manuscrita convivieron felizmente, dándose la mano en un relevo paulatino y natural, como creo que finalmente harán el “ebook” y el viejo libro. La historia demuestra que las nuevas tecnologías pueden representar una revolución parecida a la de la escritura y la imprenta en su tiempo y ofrecer nuevas e infinitas posibilidades de propagar el conocimiento.
@gsanchez2011

















Comentarios
Enviar un comentario nuevo