Algo puede pasar
Divinidades en la madrugada de una noche de insomnio; un viaje sin rumbo y el encuentro con un ídolo. Y esas noches blancas que no te dejan dormir. A Rolo le ha sucedido en más de una oportunidad. La última fue hace unas semanas, un sábado. (Ilustración: María Fernanda Torre).
Un perro intrépido ladrando sin cesar hasta que la garganta lo abatió. Incluso un grillo lo tuvo a maltraer por unas horas, hasta que el vecino del lado se cansó y le tiró con una alpargata. Buena puntería tiene don Luis. Esa noche al Rolo le costó dormir, sólo un par de horas dialogó con Morfeo; y a las 6.30 se cansó de dar vueltas entre las sábanas celestes y se levantó. Se lavó la cara, cepilló los dientes y salió. Caminó hasta el garaje, se subió al Fiat azul y emprendió rumbo incierto.
Aurora se presentaba, y Rolo en las calles cordobesas. Puso la radio, la hermosa voz de Anna Ceballos le decía que el tránsito era normal y que se esperaba un día con sol. “¡Jugate, la vida es hoy!”. ¡Qué bella, bellísima! Fue escuchando el programa, se río con la complicidad entre Anna y el Chelo Meloni, y cuando pasó por la Plaza Colón lo vio...
Estaba sentado, solo, pensativo. Lo reconoció al instante. No lo podía creer. Dobló con su auto por Avellaneda y lo estacionó al lado del Carbó. El Rolo fue hasta la plaza caminando, sin saber por qué y a qué. Dubitativo. La larga noche no lo dejaba pensar con certeza. Necesitaba un café. Podría ir hasta Baranoa, pero todavía estaba cerrado. Se sentó en uno de los bancos y lo observó...
Sí, el “Hacha” estaba sentado en uno de los banquitos blancos de la Plaza Colón.
El Rolo de adolescente solía ir a la cancha con su tío, y era admirador de ese volante, de esa gloria de Talleres, que ahora lo veía ahí sentado, meditabundo, en una plaza desierta, a las siete y cuarto de la mañana de un día sábado de final de verano. Sí, era el “Hacha”. Aquel volante central, prócer del fútbol nacional.
Se sentó, y se quedó mirándolo durante varios minutos. En su profesión, como periodista, nunca le había realizado una entrevista. Jamás. Las oportunidades no habían faltado, pero no se animaba. No. El “Hacha” Ludueña junto al “Loco” Gatti eran sus ídolos. No se animaba. Y ahora... estaba sentado frente a él, en silencio. En una nota en la revista El Gráfico, el héroe de Talleres supo confesar que extrañaba mucho jugar al fútbol. Quizás estaba sentado en esa plaza recordando sus días de gloria, como aquellas jornadas en Zaire, donde llegaron a decir que este cordobés era mejor que Pelé. Lo consagraron una ‘divinidad’ del fútbol.
¡El “Hacha”, nos ponemos de pie para referenciar su juego! El “Hacha”, volante goleador. Sí, ¡volante goleador!
El Rolo lo miró durante varios minutos. El sol ya estaba lúcido en un cielo celeste, el mozo de Baranoa abría las puertas, los autos comenzaban a ser más insistentes en su andar, pasaron dos bicicletas y una moto chillona. Aura (personificación divina de la brisa) cruzó por la plaza, el Rolo dejó atrás a Fobos (dios mitológico del miedo), y no dudó.
- Maestro, con todo respeto, ¿me permite invitarlo a tomar un café?
@MJVillalobo
http://www.lmcordoba.com.ar/blog/3_pase-corto/14_algo-puede-pasar








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