Anestesia general

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

En época preelectoral, el mundo dibuja de tonalidades rosas para el grupo que ostenta el poder y para el resto de los aspirantes que lo codician, el mundo es una pira a un paso de convertirse en carbón que dejará un río de cenizas.

Durante semanas, el mundo parecerá una pasarela donde los políticos tratarán de exhibir músculo y palabra, y querrán convencer al elector de las bondades del producto que vende, aunque el producto sea el mismo elector, una persona cada día más desorientada, con las carnes y la conciencia tan insensibles de recibir palos que el dolor forma parte de la rutina.

En estos tiempos de vigilia electoral, los políticos profesionales sacan a pasear el veneno, la codicia, la mentira y los números. Las cifras bailan al compás de los mentirosos y los mentirosos muestran un paño de propuestas y promesas que nunca se cumplirán.

El mundo gira cada vez más a favor de los poderosos, de ese Gran Hermano que todo lo controla e impide que casi nadie se salga de la fila. No importa las siglas y el tono de voz de los tenores. La procesión de ciudadanos dormidos camina al paso que ellos quieren y tocan la tecla que un día les ordenaron.

En la próxima cita electoral, el autobús puede cambiar de color pero seguirá con el mismo chófer y nos conducirá en la dirección donde no se vuelve. Este país se olvidó de los poetas y ya no escucha a sus intelectuales. Este país se acuesta pronto y deja que los amaneceres sangren. Las calles huelen a vigilancia. Suena una campana. Queda poco para la votación. Muchos tienen cosidos  el voto en la chaqueta y apenas sonríen. La indiferencia es la anestesia general de esta gente que duerme carente de sueños. Porque nadie sueña: soñar es una posibilidad bajo sospecha.

Foto: Carmen Vela

España

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