Benítez y la teoría del pianista

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

Una de las cosas que más me ha sorprendido siempre de los clubes de fútbol en España es su enorme capacidad de autodestrucción, ese germen que anida en todo lo que rodea al balón y que invita a magnificar los hechos, encender alarmas y tomar decisiones, en un extraño regusto por el escándalo y todas sus variantes y que nos propician un panorama sombrío, una especie de mundo belicoso en el que todo parece abominable por sistema y donde los rumores se alían con la realidad y los deseos con las intenciones. 

Creo  sinceramente que el punto de partida no es acertado, que el interés, cuando no el miedo, impone a través de las urgencias y las audiencias una especie de connotación conceptual tan equívoca que produce vértigo, entonces es cuando llegamos al desabrimiento, a la arbitrariedad y a la injusticia que nos ofrece la estulta cara de este maravilloso deporte. 

La destitución de Rafael Benítez como entrenador del Real Madrid, cuando hace apenas 6 meses fue contratado como la gran esperanza del madridismo, se vertieron sobre él todos los elogios y parabienes, se le hizo un multimillonario contrato para tres temporadas y se le permitió acompañarse de un extenso equipo de ayudantes y colaboradores, su destitución, días después de que Florentino Pérez anunciara en rueda de prensa que Benítez no era el problema y sí la solución en el Real Madrid, no es sino el último ejemplo de ese trazo grueso en el que la lógica se despedaza y el sentido común desaparece, prisioneros ambos de un giro heterodoxo hacia el infinito. Es entonces cuando uno piensa aquello de que el diablo está en los detalles y que de fútbol el único que sabe es el balón. Es cuando aparece la vieja teoría de que echar al entrenador en enero quizá no sea culpa del técnico y sí de quien lo fichó, es cuando el dirigente pasa a ser rehén de prisas, urgencias y viejos fantasmas que convierten al que fue su gran apuesta en un sospechoso habitual. 

A nuestro fútbol le faltan razones y le sobran alteraciones sobrealimentadas de la realidad, le faltan argumentos y le sobran interesados estados de opinión. Benítez, con sus cosas buenas, que las tiene, con sus cosas malas, que también las tiene, como las tenía, unas y otras, hace 6 meses y hace 10 días; no es ni será el primero ni el último en esta peculiar ceremonia de lo absurdo instalada en el fútbol, un particular proceso del que participan no pocos actores y donde, algunos se reparten las medallas en el acierto y todos disparan al pianista en el error. 

@AgCastellote

España

(C) El Diario Fénix 2011        Contacto:  [email protected]