Contradicciones

El plumilla errante
José A. Gaciño

Se le puede dar el premio Pulitzer a los periódicos The Washington Post y The Guardian por haber publicado las filtraciones de las escuchas ilegales que los servicios secretos norteamericanos mantienen en todo el mundo y a todo el mundo (incluidos sus aliados y sus ciudadanos), pero quien filtró esos datos, el ex agente subcontratado Edward Snowden, tiene que mantenerse como refugiado en Rusia porque la justicia estadounidense le persigue bajo los cargos de traición y espionaje. Distintas sensibilidades entre el sentido militarista de la seguridad del Estado y la defensa de las libertades (la de expresión y la de la privacidad de los ciudadanos).

Arrogancia rusa ante la evolución de acontecimientos en Ucrania, sirviéndose de los ciudadanos prorrusos para ajustar las cuentas a los prooccidentales y a la extrema derecha de Maidán que derrocaron a su hombre en Kíev por los mismos procedimientos que ahora se usan en Donetsk para abrir más las grietas que dividen el país. Difícil lo tiene Occidente (otra vez volvemos a usar un concepto que parecía olvidado tras la guerra fría) para justificar su defensa de la integridad territorial de Ucrania, después de haber sido totalmente beligerante en la desmembración de Yugoslavia. Y esa extraña sensación de que parecía más fácil llegar a acuerdos con la ex potencia comunista que con esta potencia venido a menos convertida al capitalismo y con toda la nostalgia de su viejo imperio.

Rusia aparece también en las referencias a la guerra civil en Siria, que parece inclinarse en favor del tirano Bashar al Asad. Le apoya, entre otros, el gobierno ruso, que desplegó toda su habilidad diplomática para frenar los intentos de intervención militar de Occidente, aprovechando las fuertes dudas en las que se debatían los gobiernos europeos y estadounidense a la hora de apoyar a unas fuerzas rebeldes al régimen sirio en las que cada vez predominaban más los extremistas de la órbita de Al Qaeda. Y de haber estado a punto de intervenir militarmente contra Al Asad los occidentales han pasado a dejar en precario a los seis millones de civiles desplazados por la guerra (dentro o fuera de su país). Apenas se ha llegado a recaudar la mitad de los 1.660 millones de euros que habían prometido a la ONU los países que participaron en una conferencia de donantes celebrada en enero.

No son las únicas contradicciones que afectan al sistema político y económico predominante. La misma Rusia, que se viene aprovechando de las contradicciones occidentales, tampoco está libre de ellas, empezando por las inmensas lagunas de arbitrariedad que anegan sus instituciones, desde la justicia a la presidencia, y cercenan sus libertades, para desembocar en su extraño modelo político-económico que algunos califican de democracia mafiosa.

 

 

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