El 14

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

Era un día de Reyes soleado y frío en Madrid, el Barca, entrenado por Johan Cruyff, jugaba esa noche en el Bernabéu, con todo el revuelo que éste tipo de partidos levantan. Esa misma mañana había quedado para desayunar con Cruyff; instantes antes de acudir a la cita, me comunicaron el inesperado fallecimiento de un familiar muy cercano que me impidió acudir al hotel Mindanao; Johan se enfadó mucho e hizo que me llamaran para pedir explicaciones por el plantón, cuando el recordado Ricard Maxenchs le comunicó lo sucedido, a Cruyff le faltó tiempo para ponerse en contacto conmigo y expresar sus condolencias. 

Así era Johan Cruyff, sin matices, un personaje en permanente estado de rebeldía, al que se le odiaba o se le quería, pero nunca dejaba indiferente a nadie. 

Lo escribía en esta misma ventana hace pocos meses, cuando le diagnosticaron ese cáncer de pulmón que hoy ha acabado con su vida; Cruyff forma parte de mis primeros recuerdos del fútbol, de las chapas, de los cromos, de los amigos del barrio, de los abrigos como portería, de echar a pies y romper zapatos. 

Reconozco que por aquella época a mí no me gustaba el fútbol, me gustaba jugarlo, a mí no me gustaba ver el fútbol, me gustaba ver a Cruyff. El motivo por el que uno empezó a ser vulnerable a hazañas y héroes y que luego se incrementó, porque a los ídolos de la niñez es imposible desplazarlos. Por su aspecto, bien pudiéramos hablar del quinto Beatle, pero también por su jerarquía, elegancia e inteligencia; por esa manía de burlarse de lo cotidiano, de establecer nuevos órdenes, desde su atalaya de espíritu indómito y personaje poliédrico. 

Hoy se murió el flaco y el fútbol llora su pena, algo grande se va a ese lugar del no retorno; pero por triste que pueda parecer la noticia, a Johan hay que despedirlo con una sonrisa, una sonrisa de reconocimiento, de agradecimiento y evocación, una sonrisa que desplace el llanto de la pena. Durante su vida nos hizo felices a mucha gente, por eso su leyenda será eterna, por eso y porque a veces no se debe llorar porque terminó sino sonreír porque sucedió. 

DEP Johan Cruyff 

 

Firmado,  un incondicional admirador. 

@agcastellote

España

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