El Barcelona se pasea hacia las semifinales de la Liga de Campeones
Un doblete de Neymar, Iniesta recordándose a sí mismo y poco más le bastó al conjunto azulgrana para vencer a un Paris Saint Germain indiferente, que no sólo no vendió cara su piel, si no que la regaló. Es cierto que el resultado de la ida no invitaba al optimismo francés, pero pareció que el equipo entrenado por Laurent Blanc se dejó la toalla en París para no tener que arrojarla en el Camp Nou.
Luis Enrique dispuso su once de gala, tal y como exigía la entidad del rival y la competición; mientras que su homólogo francés tuvo que improvisar un sistema defensivo lastrado por las lesiones. Thiago Silva no se recuperó de la dolencia que le obligó a retirarse del Parque de los Príncipes en el encuentro de ida, y David Luiz -renqueante- le sustituyó de nuevo en el centro de la zaga junto a Marquinhos. La sensible baja del capitán y baluarte defensivo del equipo, se unía a la ya conocida de su compatriota y tocayo Thiago Motta. El brasileño, como escribía Torquemada para El País esta semana, es “un sabio de ese oficio en el centro del campo triangular porque seguramente fue la primera versión moderna de ese rol en el Barça por su capacidad física, inteligencia táctica y uso del balón en espacios reducidos”.
Una defensa en cuadro y el 1-3 cosechado en la ida, no son buenos compañeros de viaje al Camp Nou. Ni siquiera la vuelta de Ibrahimovic y Verratti generaban grandes esperanzas para los parisinos, que vieron como Iniesta regateaba las pocas ilusiones que les quedaban al inicio del encuentro. El romanticismo de la remontada se lo llevó el centrocampista español, firmando otra de sus jugadas antológicas de otrora para servir en bandeja el gol a Neymar y el pase a semifinales.
El resto del encuentro fue un teatro insulso, conocido en baloncesto como minutos de la basura. Triste e ilustrativo para los visitantes fue que el primer disparo a la portería defendida por Ter-Stegen se produjese en el minuto 72. El Barcelona se impuso con rotundidad a un rival que dejó de competir demasiado pronto -quizá en Paris-. Sin embargo, el conjunto azulgrana no quiso hacer leña del árbol caído y aceptó el trato. Así fue como el Paris Saint Germain, transido de impotencia, aceptaba de nuevo su derrota, dejando al Barcelona en semifinales de la máxima competición europea.






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