El Barcelona se queda hasta sin suerte
El Valencia ganó en el Camp Nou en el partido que menos mereció perder el Barcelona de este fatídico mes de abril, en el que fue eliminado de la Liga de Campeones por el Atlético de Madrid y redujo su ventaja en el campeonato doméstico de doce puntos al mísero -pero determinante- golaverage.
El Barcelona recibía al Valencia como un bálsamo para cicatrizar la eliminación europea y levantar la moral cara a una Liga en caída libre. De hecho, como si de un reseteo se tratase, el conjunto azulgrana retomó el esquema que le coronó a nivel mundial y, con Messi y Neymar bien abiertos en las bandas y Rakitic e Iniesta adelantados, el equipo daba síntomas de recuperación.
El argentino abandonó el centro del campo, naturalizando su posición y el juego, fijando la defensa visitante sobre el costado de -un siempre endeble- Siquiera. Además, el brasileño comenzó más incisivo que en las últimas fechas, poniendo a prueba la entereza de Barragán constantemente.
Funcionaba. La pelota circulaba con la velocidad de otrora y, salvo algunas precipitaciones, el Barcelona desnudaba al Valencia con ilusionante felicidad. Así era que Iniesta movía a unos compañeros más intensos y motivados por recuperar su sino, sumando una decena de disparos en apenas un cuarto de hora que exigieron lo mejor de Diego Alves.
Sin embargo, la variopinta colección de ocasiones desaprovechadas ocultaba la facilidad con la que los visitantes inquietaban a Claudio Bravo. Asimismo, Rodrigo no supo materializar un mano a mano frente al chileno, tras un robo a Busquets, pero descubrió cómo iba a transcurrir el encuentro.
Minutos más tarde, el Valencia no falló. En un contragolpe, Siqueira dobló por banda y, en un intento de pase atrás, el balón se coló en la portería blaugrana por desgracia para Rakitic, que, intentando despejarla, la empujó en propia puerta.
El silencio del Camp Nou lo rompía Piqué espoleando a sus compañeros, consciente de la dureza del golpe. Por ello, la parroquia culé se contagió del mensaje de su central y clamó insurrección ante la injusticia del resultado. Empero, el destino le guardaba una nueva desdicha antes del descanso.
Entonces, el Valencia engañó al Barcelona con un truco muy visto en el Camp Nou, mareando al equipo en el carril de un Jordi Alba desbordado, atrayendo defensas para, con un cambio de banda, desactivarlos y aprovechar la escasez de efectivos en la contraria, donde Parejo controló y sirvió con suma tranquilidad a Santi Mina, que cruzó el balón a un impotente Claudio Bravo.
Tras la reanudación, el conjunto azulgrana mantuvo el guión inicial y arrinconó a su rival por inercia ofensiva. La maquinaria culé no paraba de generar ocasiones de gol a la velocidad que marcaba el cronómetro. Así, que el gol de Messi no hizo sino convencer a una grada alicaída que la remontada era posible. Remontada que nunca llegó.
En una lectura aséptica del resultado, bajo el contexto de las últimas fechas, la derrota no sorprendería. Sin embargo, el equipo de Luis Enrique -que no hizo ningún cambio, en un claro mensaje a la directiva- cuajó el mejor encuentro de las últimas fechas y lo raro fue la derrota. Jugando así, lo difícil es perder pero no se ha de olvidar que en la depresión te abandona hasta la suerte.
@adricortesp







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