El cielo por asalto
Como cada año el partido del siglo (del mes de octubre) ya está aquí. Los dos clubes enciclopédicos del fútbol mundial se citan para desfilar por la pasarela de las vanidades en medio de una onda expansiva que supera con creces lo deportivo hasta envolver los esperados y apasionantes noventa minutos en una verbena sin parangón, en una caldera de pasiones desatadas, donde todos toman partido para crear una explosiva puesta en escena que provoca que el antes y el después supere en ocasiones la pasión del durante. Y es que los clásicos siempre dejan huella, siempre quedan cicatrices producto de esa excelsa coreografía que azuza el debate y desata furibundas tormentas que ya son consustanciales al propio juego.
Porque todo clásico es una cuestión capital, todo es superlativo en dos equipos de máximos cuyo repertorio resulta infinito y donde el único objetivo posible es el éxito. Donde se pone en valor todos los millones gastados el pasado verano, conscientes que el partido ya es per se un título en juego y que la derrota envilecerá la semana, incluso los meses posteriores, hasta conseguir que un clavo saque otro clavo y la vuelta te permita tener una segunda oportunidad.
Un partido de estas características siempre cuenta con un extenso historial de episodios bélicos, de batallas volcánicas y cuentas pendientes; de campañas prefabricadas y de un árbitro demonizado por sistema, que serán convenientemente desempolvados por voceros de uno y otro lado, conscientes de que estamos, independientemente de la importancia de los puntos, ante un asalto mayúsculo, un encuentro donde no hay espacio para la rutina y en el que la propia mística del fútbol exige de esa pasión, esa concentración de fuerzas y ese desenfreno.
Pasen y vean, el clásico ya está aquí, y el cielo para alguno y durante unos meses, ya no puede esperar.
@agcastellote





