El precio de la usura
El anuncio de la exclusión de España del próximo Europeo de baloncesto y la amenaza latente de una extensión de la incendiaria decisión al Mundial y los Juegos Olímpicos, ha hecho saltar todas las alarmas en un deporte que para España está multiplicando los éxitos en los últimos años, producto del buen trabajo, planificación y calidad de sus deportistas. La guerra por el control del mercado del baloncesto vuelve a colocar al deporte en un laberinto de difícil solución, donde mezquinos actores protagonizan mezquinas peleas al calor de un impresionante negocio para el que se han creado sus propias reglas.
La FIBA ha sacado toda su artillería autoritaria para combatir a la Euroliga, en un intento de retomar para sí la competición de clubes y todos los intereses comerciales que lo rodean, aunque para ello deba recurrir a esa ideología que entroniza el autoritarismo y recela de la razón y que se llama pensamiento único. O estás conmigo o estás contra mí y en ese contexto la lucha de despachos se convierte en un órdago a todo y a todos, que se lleva por delante lo que sea necesario con tal de conseguir la utilidad de lo inútil.
Todo es consecuencia de un periodo de enorme desorden en el que los grandes clubes decidieron crear su propia competición para repartir un pastel que antes se lo comía uno solo. Esa decisión ha mantenido al baloncesto en estos años sobre el alambre de continuos e inquietantes pulsos, de abiertos desencuentros donde se negaba la realidad a la vez que se generaba un canibalismo autodestructivo de inquietantes consecuencias.
Ahora FIBA da un puñetazo en la mesa y decide que los dueños del cortijo son ellos, que las normas son sus normas y la incoherencia, su incoherencia. La decisión es brutal, como suele ocurrir cuando te enfrentas a los efectos perversos de tus propias decisiones. Expulsar a España o Italia u otras muchas selecciones de las distintas competiciones internacionales no es sino poner encima de la mesa tu incapacidad para resolver el problema; quizá porque FIBA no se esté enfrentando a la Euroliga, ni a España, ni a Italia, ni al resto de países que libremente decidieron no pensar como ellos, quizá porque FIBA se ha equivocado de enemigo y lo que está haciendo de verdad es enfrentarse a sí misma o quizá, simplemente, porque lo que creíamos era pensamiento único, se ha convertido en ausencia de pensamiento.
@AgCastellote






