El rastro del campeón

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

¡¡¡Cómo duele ver perder a Rafa Nadal!!! Reconozco que no había tenido esta sensación tan amarga desde la retirada de Miguel Indurain; tantas jornadas de gloria, tantas victorias en el palmarés, tantas veces con el traje de superhéroe puesto que, llegado a este punto, cada derrota del mallorquín, se convierte en una puñalada trapera. Supongo que es ley de vida, que los minutos van cayendo y que éste es uno de los riesgos de los más grandes, que otros, llegado el momento, se impongan a ti, dobleguen tu incontestable dominio y te hagan ver que el final del camino está cerca; a veces es demasiado caro el precio de la fama, entonces el prestigio se vuelve insostenible, su presión insoportable y la teoría del ciclo entonces cambia magia por supervivencia.

Pero también es encomiable la capacidad de Nadal para resistirse a las circunstancias, para enfrentarse al hábito de las respuestas negativas en un eterno intento de que, ese genio, esos golpes imposibles y esa lucha sin descanso, que le sitúan como el mejor deportista español de la historia, no pase a convertirse en nostalgia. 

“Es duro cuando uno trabaja mucho y pierde”, ha dicho Rafa tras su última derrota ante Verdasco, siempre comedido, siempre alejado de la exuberancia efusiva de otros, mientras continúa entrenándose, continúa en la lucha para que tantos elogios gastados en él durante años, no pasen a ser palabras huecas. 

Lo reconozco: la pena de Nadal, verlo luchar contra el tiempo, contra el destino y las propias leyes de la naturaleza, ser vapuleado por Djokovic y caer en primera ronda en Australia, provoca en mí un sentimiento de pérdida. ¿Volverá a ganar?  Nos preguntamos, pues es algo que sólo el tiempo dará respuesta; lo único que pido es que, gane o pierda, Nadal no se marche sólo y cansado. No lo merece, antes de pasar a ocupar el puesto que le corresponde en el podio de los mitos, el lugar donde ya nadie podrá verle flaquear ni descubrir sus debilidades. 

Mientras, los que siempre, en la victoria y en la derrota, le admiramos y admiraremos, recordamos a Jorge Manrique a la muerte de su padre, en uno de los más hermosos poemas que nunca escuché: “Cuán presto se va el placer, cómo después de acordado da dolor, cómo a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor “.

 

@AgCastellote

España

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