Fernando Alonso, el alquimista errante

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

No sé si han tenido la oportunidad de leer la novela ¨El alquimista¨, de Paulo Coelho, un relato pormenorizado acerca de los sueños y los medios que utilizamos para alcanzarlos, las aventuras de un héroe que busca su gran tesoro, sufriendo durante su recorrido todo tipo de desventuras en una fabula inmejorable para perseguir tus metas y alcanzar los sueños, narrado con vehemencia y en ocasiones hasta con un cierto grado de exageración. Una historia la del joven Santiago que bien pudiera trasladarse a la figura del piloto asturiano Fernando Alonso, quien desde hace tiempo lucha desesperadamente por realizar su sueño, su anhelo de volver a ser campeón del mundo de Fórmula1 mientras transita por un camino repleto de adversidades y donde su hoja de ruta sólo prevé luchar, buscar los límites, frenar más tarde que nadie y esperar que pase algo no escrito, que le acerque a sus adversarios.

Alonso dice adiós a Ferrari cansado de ser el piloto más reconocido, el mejor valorado y aquel que saca el máximo partido al material que ponen en sus manos, mientras sus rivales ganan carreras y acumulan títulos mundiales. Su vida en la escudería italiana se ha convertido en un suplicio, con continuos volantazos para poder competir en igualdad de condiciones, mientras su desarrollo entraba en punto muerto por mor de tantas promesas incumplidas, de un coche a la altura de los mejores, cuando al final lo único que hacían era lavarlo y sacarle brillo.

Un campeón en permanente conflicto que, como el alquimista, se encuentra en la búsqueda de la piedra filosofal que transforme cualquier metal en oro; para Fernando hace tiempo que terminaron las excusas y las buenas palabras, las palmaditas en la espalda y las loas sobre su pilotaje, mientras retorcía en la pista el Ferrari para arañar unas décimas que escondieran la sangre.

En un mundo de la Fórmula 1 donde todo respira por ordenador, Alonso pone inteligencia e imaginación, un rara avis que se pasa las carreras peleando con su coche en lugar de hacerlo con los contrarios.

Comienza una nueva etapa, en una nueva escudería, con nuevos retos e ilusiones renovadas, de nuevo en la búsqueda de ese tesoro perdido, de ese anhelo pendiente, en la certeza de que si hay algo que le caracteriza por encima de los demás es la seguridad que exhibe en todo lo que hace, sobre todo cuando ha tenido que enfrentarse a un nuevo reto, pensando, como dice Coelho, que cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño. Basta con aprender a escuchar los dictados del corazón y a descifrar el lenguaje que está más allá de las palabras.

 

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