Gigantes y cabezudos

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

La sorprendente eliminación de la selección de baloncesto en el mundial organizado en España ha supuesto una enorme desilusión, un golpe inesperado en medio de un clima que se había creado de desatada euforia que nos deja la sensación de haberse escapado una excelente oportunidad para reivindicar el baloncesto como el gran deporte que es en nuestro país y el enorme potencial que tenemos, merced a un buen trabajo que desde hace años se viene realizando en federación y clubes.

La selección de baloncesto ha fracasado en el mundial, y así hay que decirlo, como la de fútbol fracasó hace un par de meses en Brasil y, rápidamente, en esa vorágine depredadora y destructora que nos caracteriza exigimos culpables, queremos cabezas rodando sobre la mesa que puedan saciar la sed de venganza que nos embarga, queremos nombres que se erijan en responsables en un proceso triturador siempre en marcha. De nuevo se repite la historia de ver cómo un excelente proyecto se diluye con el último resultado y se convierte en víctima de una sensación que todo lo puede, que todo lo devora al dar por hecho que habíamos ganado el mundial antes incluso de jugarlo. Una espiral iniciada en la prensa y alentada por intereses comerciales, que pronto llegó al aficionado y que, desgraciadamente, consiguió calar en los jugadores en el que sin duda fue el principio del fin.

Yo no sé si Orenga se equivocó, para eso hay grandes expertos, pero si lo hizo fue en la misma medida que se equivocaron los jugadores, los dirigentes o esa prensa de bufanda y camiseta que nos invade y que jalean las victorias con lágrimas de cocodrilo mientras escupen la derrota con el veneno de la serpiente; yo te aplaudo cuando ganas para que notes que estoy contigo pero que sepas también que, si pierdes, nunca nos conocimos.

No creo que sea el momento de tirar por tierra el gran trabajo de muchos años, de poner en duda una generación fantástica de jugadores como nunca habíamos tenido, de dudar de una organización casi modélica, con un presidente a la cabeza que podría ser un claro ejemplo de lo que es un buen dirigente deportivo, si no fuera por su estúpida manía de creer que todo se puede comprar y que todos tenemos un precio; me niego a pensar que esta selección, que tantas alegrías nos ha dado, ya no tiene crédito, que en 24 horas ha perdido la confianza de todos y que el calentón, producto de una gran decepción, es capaz de borrar de un plumazo de la memoria todos los grandes momentos vividos.

Yo creo sin ninguna duda en los Gasol, Ricky, Navarro, Rudy y compañía; creo en Orenga en la medida que una federación sobradamente contrastada siga apostando por él, creo que se analizarán todos los detalles por los que no se pudieron alcanzar los objetivos, que se tomarán las medidas correctoras necesarias y creo que tras la tormenta inicial, volverá a salir el sol en la confianza de que los mismos que te matan hoy te resucitarán a los diez minutos de haberlo hecho. Se trata de una siempre peligrosa ruleta rusa en la que unas veces ganan los gigantes y otras los cabezudos.

 Yo creo en nuestro proyecto de baloncesto ¿Y tú?

España

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