Los riesgos de subvertir la democracia

RESENEKA
Alberto Vila

En la cuestión de la crisis migratoria y la gestión delegada por la UE a Turquia, en relación con el acuerdo anunciado en materia de refugiados, las Cortes han suscrito un documento consensuado por todos los grupos parlamentarios. El texto ha sido acordado por los portavoces minutos antes de que comenzara la comparecencia en el Congreso del secretario de Estado para la UE, Fernando Eguidazu, para explicar la posición que iba a llevar Rajoy a la cumbre de Bruselas.

Esta declaración institucional del Congreso, que ha sido consensuada por los portavoces de la comisión mixta para la UE, establece que España exigirá el respeto al derecho de asilo y rechazará las expulsiones colectivas de refugiados. Pero el presidente en funciones sigue despreciando a los diputados elegidos el 20D y no ha asistido al Congreso, con el paraguas de los informes anunciados por la vicepresidenta, en el sentido de que no procede tal rendición de cuentas o aprobación de los compromisos que impliquen la posición de España en cuestiones internacionales.

Podríamos preguntarnos si es correcto que un sistema parlamentario difiera de uno presidencialista en que la jefatura del gobierno sea elegido por ese órgano legislativo. En España nos hemos dado este sistema parlamentario, en torno a una monarquía establecida en el franquismo tardío.

En estos tiempos tan críticos en los que los valores se ponen tan a prueba como a la dignidad de los ciudadanos, por ejemplo, no parece oportuno seguir tensando la cuerda de la esencia del propio sistema.

Establezcamos entonces que la legitimidad de las medidas de gobierno se convalida desde ese parlamento en el que reside la voluntad de los ciudadanos. Definamos de manera clara que el poder reside en el parlamento. No en el ejecutivo. Menos aún en un gabinete que pretende convalidar su legitimidad en un parlamento, del que surgió su mandato, que ya no existe. Por ello, resulta curioso que la vicepresidente en funciones pretenda recitar un discurso repleto de calificativos, recurso de los relatos endebles, en lugar de colaborar con la verdadera raíz del poder del voto.

Llegados aquí podríamos aventurar la cuestión de la subversión de los valores democráticos. Por subversión, que deriva del latín “subvertere”, cuyo significado es trastocar o dar vuelta, debemos entender que nos referimos a un proceso por el que los valores y principios de un sistema establecido, se invierten. Esto se relaciona con un trastorno, una revuelta o una destrucción del orden legítimo establecido.

Algunos entienden que se refiere a intentos de derrocar estructuras de autoridad, incluyendo al Estado. En este sentido, puede relacionarse la subversión a la palabra sedición, pero no sustituirla, ya que la connotación de ambas es diferente.

No someterse a informar acerca de los actos de gobierno es inusual en un contexto de normalidad. El haber desatendido esa supervisión, durante los años tristes de esta legislatura por parte de un parlamento anterior al que de hecho se ignoró, es muestra de una arrogante manera de entender la democracia.

Esto es grave, en especial cuando se compromete al Estado como consecuencia de decisiones de probable inconsistencia democrática, derivada de la situación “en funciones”. ¿Me pregunto si sus decisiones podrían suponer actos de sedición?

Sedición implicaría un alzamiento abierto contra la autoridad legítima, por ejemplo el Parlamento actual, mientras que la subversión se referiría a trastocar las bases del estado institucional establecido o crear conflictos entre personas. Algunos nostálgicos parecen sentirse cómodos en esa línea.

El presidente que niega el control del Parlamento llevará a la cumbre europea un mandato de ese órgano que desconoce. Es una situación delirante que puede desmentir los argumentos de vicepresidencia y sentar el precedente de estar “bajo el mandato del Parlamento.

Por ello, no nos dejemos desconcertar por estas maniobras conflictivas, debemos defender la democracia desde todos los frentes y actividades. Más aún, si atendemos al pensamiento de Francis Bacon: “Las democracias suelen ser más tranquilas y están menos expuestas a la sedición que el régimen gobernado por una estirpe de nobles.

Por cierto, aunque por momentos nos pareciese que sí lo estamos, está en cada uno de nosotros mirarlos a los ojos y recordarles los valores democráticos.

¿No creen?

 

@Reseneka

España

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