Memoria de Joe Louis, en su centenario
El 13 de mayo de 1914 nació Joe Louis, negro y pobre en una cabaña de algodoneros de Alabama. Huérfano de padre a los cuatro años, se trasladó con su familia desde el sur profundo y profundamente racista de los EEUU hasta Detroit. Tras trabajar como repartidor de hielo aprendió el ABC de todos los negros americanos: si querías golpear a un blanco y no acabar colgado de un árbol, había que hacerlo entre las doce cuerdas de un ring de boxeo.
Y boxeando Joe Louis se vengó a golpes del mundo. Fue casi doce años campeón de los pesos pesados, algo que nadie nunca ha podido repetir. Max Schmeling consiguió noquearlo, pero su venganza fue terrible: en la revancha, celebrada en 1938 en el Yankee Stadium, el alemán solo le duró un asalto. Tras su victoria, centenares de miles de personas lo celebraron en las calles, en las plazas; en los bares y restaurantes de Nueva York. En esos mismos bares y restaurantes en la mayoría de los cuales Joe Louis no podía entrar, porque era negro.
Joe Louis se retiró en 1948… pero las deudas con el fisco lo obligaron a volver a pelear. Solo le duró ocho asaltos al gran Rocky Marciano. Tras la pelea Marciano lloró, porque acababa de destrozar a un mito. Joseph Louis Barrows murió tan negro y pobre como naciera sesenta y seis años antes, en 1981. Ironías del destino, sus funerales los pagaron los dos únicos hombres blancos que habían conseguido noquearlo: Max Smelling y Rocky Marciano. El Bombardero de Detroit fue enterrado como una celebridad en el cementerio de Arlington, gloria y metáfora de un país que se siente más cómodo con sus héroes muertos que con los vivos.






