No quiero que entre el enemigo en casa
Puede parecer una de mis paranoias, seguramente lo es; pero cada vez miro menos la televisión (ni siquiera los documentales de la dos). Digo mejor; no veo determinados canales televisivos ni muy determinados programas. Procuro no sintonizar con Televisión Española y afines; no quiero ser suma, ni ojos televidentes en sus estadísticas. Prometo «por mi conciencia y honor» que no lo haré mientras la censura y la manipulación informativa, sean una constante en el ente público. Por supuesto que algunas tertulias de canales TDT (Televisión Tele Dirigida o más castizo: Directed Tele Television) vinculados con la derecha más reaccionaria, los tengo hasta bloqueados, para no caer en la tentación.
Lo voy a decir más claro: cuando por la tele sale alguna persona o noticia vinculada con el gobierno de Rajoy o dirigentes de su partido; quito la imagen de forma inmediata, porque no quiero que entre el enemigo en casa. En alguna ocasión, si me encuentro con fuerzas o animoso, tan solo quito el sonido; de esa forma puedo ver sus gestos, que solo transmiten las mentiras que cuentan.
Cuando todo está perdido y el mono televisivo me puede, me pongo a ver «El Padrino», ya sea la primera, segunda o tercera parte. Prefiero ver a Marlon Brando, a su famiglia y sus negocios, que al mafioso Bárcenas, la suya y los suyos. Prefiero ver a Michael Corleone hacer negocios con el Vaticano, que a Rouco Varela hacer chantaje a la ciudadanía y al gobierno. Prefiero ver a los dignos y corruptos señores senadores y jueces dibujados en las películas de Francis Ford Coppola, que a los gúrtel entregando sobresueldos a los dirigentes populares, presidentes del senado y diputados que ostentan la mayoría absoluta en las Cortes Generales.
El hecho de que yo procure evitar ver las imágenes de quienes tanto daño están haciendo al pueblo español (demasiado indignado ya estoy), no quiere decir que las imágenes de prensa o televisión no sean necesarias. No, todo lo contrario. Por ejemplo, si no hubiera sido por las imágenes de televisión, que emitieron en directo el golpe de estado del 23-F, nos hubieran dicho que no había existido. Si no se conocieran las estremecedoras imágenes de los crematorios y de las víctimas del holocausto en los campos de concentración nazis, podríamos pensar que es cosa de película. Si no hubiéramos visto jurar al rey los «principios generales del movimiento», podríamos pensar que ha sido demócrata de toda la vida
Todo tiene una medida y en la medida se encuentra el límite. Pero hoy por hoy, no quiero que entre el enemigo en casa, sin yo quererlo.
@caval100





