Sebastián Alabanda
Todavía sobrecogido en este martes maldito de junio, que no es trece pero que merece serlo. Se nos ha ido, como del rayo, Sebastián Alabanda, bético en cuerpo y alma, y alma del mejor Betis del que uno guarda memoria. No digo del mejor, que eso es cuestión de números, estadísticas y opiniones Pero a mí, que crecí y me hice hombre y periodista admirando aquel equipo, aquella línea media –López, Alabanda, Cardeñosa- no me lo comparen ustedes con ningún otro, háganme el favor.
Un viento fuerte y maldito ha sacudido al Real Betis Balompié. Hace solo unas semanas se llevó por delante a mi paisano Antonio Benítez. Esta noche disolvió en la nada, que no en el olvido, a Sebastián Alabanda. Escribió una vez Flaubert en sentencia memorable que “no hay que tocar los ídolos, porque el dorado se nos puede quedar entre los dedos”. Y esto es en general bastante cierto, especialmente con los ídolos del fútbol moderno. Pero yo he tenido la oportunidad de tratar, y hasta de hacer bastante amistad con jugadores de aquella generación, especialmente con Julio Cardeñosa –imagino su dolor- y con Rafael Gordillo. Y les aseguro que es complicado encontrar personas mejores en el mundo del fútbol, y en el mundo en general.
Este martes maldito de este maldito año en verde y blanco es negro y es trece aunque no lo sea. A Sebastián lo habían puesto otra vez en el campo porque su equipo, el equipo de su vida y de su muerte volvía a necesitarlo. Pero no podrá ser. Descanse en paz Sebastián Alabanda, un bético cabal y bueno. Bueno de verdad.






