Selección, ya nada será igual

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

En los últimos meses asistimos, no sin sorpresa, a la auténtica reválida que cada partido pasa la selección española de fútbol; un examen, después de seis años de éxitos ininterrumpidos, donde se evalúan méritos y fracasos, siempre comparándolo con la época de mayor esplendor en la historia de nuestro fútbol, en un mundillo excesivamente expuesto al componente emocional a la hora de utilizar el pasado para valorar el nuevo panorama y acostumbrado a llenarlo todo de gloria o de sangre en función del último resultado.

La selección, por esa vieja teoría de que el pasado siempre vuelve, parece atrapada por las urgencias, por las dudas y por un cúmulo de elementos negativos que como los viejos fantasmas te persiguen, te acosan y, si no eres capaz de controlarlo, acaban destruyéndote.

La figura de Del Bosque ya no es la del técnico intocable que nos llevó a lo más alto de la pirámide; jugadores idolatrados hace meses empiezan a estar expuestos a la diana de la crítica, mientras la revolución silenciosa sigue generando dudas en una encrucijada de la que es necesario salir pronto. Lo primero que tenemos que asumir para que de verdad se produzca el cambio, empezando por la prensa y siguiendo por los aficionados, es que ya nada será igual, que el giro ortodoxo que se está produciendo, después de la marcha de jugadores irrepetibles y el paso del tiempo para otros, se debe hacer con naturalidad y calma; los cambios hay que ordenarlos, controlarlos y dominarlos y eso supone unos tiempos, un proceso difícilmente asumible en nuestro fútbol, donde la selección adquiere una dimensión especial y la victoria es una exigencia con la que levantarse cada día. Perdemos demasiada energía en no querer reconocer la evidencia y al final es la evidencia la que nos arrastra al vacío.

Claro que todos añoramos el ayer, lo bonito que era ver jugar a la selección, la admiración del mundo entero y como consecuencia de ese buen fútbol el logro de resultados, pero el reloj no se detiene, los síntomas fueron apareciendo partido a partido y la consecuencia es el agotamiento de un ciclo que no nos debe provocar sino seguir creyendo en nuestro fútbol, seguir apostando por nuestros futbolistas y dejarlos trabajar en la certeza de que esto ya no se parece en nada a lo que tuvimos y lo que tuvimos no volverá; que hay que cambiar hasta lograr que, siendo distinto, pueda volver a ilusionarnos.

@agcastellote

España

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