Un gobierno que es aire, un Rayo que es puro corazón
Una anciana de 85 años, pobre como millones de personas, no puede salir de la trampa cruel que le tendió el sistema y ha sufrido el desahucio por avalar el préstamo de un hijo. La ley de los hombres, la ley que cobija un gobierno ciego, sordo y paralítico, le quita lo único que tiene, un techo, y la manda al raso de la calle.
Esta anciana se ha preguntado muchas veces qué hizo malo cuando lo único que hizo fue dar su vida por un hijo. ¿No hubiera hecho lo mismo cualquier madre? A la mujer le ha llegado la autoridad para que se cumpla la ley. El gobierno, esta reunión de estatuas que solo ve comedias rosas, no estaba, nadie lo esperaba. No sé porqué me extraña, pues el gobierno es aire para los asuntos terrenales. El Rayo Vallecano, un club de los más pobres de Primera, dio el paso que nuestro gobierno nunca dará. Porque este gobierno ni sabe ni entiende. El Rayo, su gente, tiró de corazón y le pagará el alquiler de una vivienda a la asustada anciana.
El gobierno ha hecho del silencio y la indolencia su modus actuandi, y así será hasta el final de esta amarga legislatura. El hombre es un egoísmo mitigado por la indolencia, decía el poeta portugués Fernando Pessoa. El gobierno que tripula esta nave doliente libra sus batallas interiores y se pasa el día mirando el calendario. Su indolencia desgarra la piel de este país y se agarra a las leyes con la desesperación del ignorante. Es lo que dice la ley, dice el que dice que manda en este gobierno, ignorando que la flexibilidad es la mejor cualidad de una buena y justa ley.
Este país que ya no tiene lágrimas busca un horizonte donde mirar y apenas encuentra nada. Encuentra a un veinteañero con pinta de Zipizape que dice actuar en nombre del Gobierno, en nombre de la Corona, en nombre de los servicios secretos. Y yo me reiría un rato si no fuera porque ofendería el llanto de una anciana que se quedó sin techo por ser una buena madre.






