Vísperas de elecciones antieuropeas

El plumilla errante
José A. Gaciño

No deja de ser significativo que la Unión Europea haya iniciado el nuevo año con Grecia asumiendo la presidencia rotatoria. No podía haber imagen más propia del deterioro causado por la crisis en las perspectivas europeas. El país machacado por una operación llamada rescate (y que es más bien una especie de encarcelamiento perpetuo en el abismo) preside un semestre en el que se van a celebrar elecciones al Parlamento Europeo. Los comicios europeos nunca han levantado entusiasmos (por la sensación de que esa es una institución de limitada influencia) pero en esta ocasión se presentan ensombrecidos por el desánimo general, en un clima dominado por discursos antieuropeos, unos desde posiciones ultraliberales de que se salve quien pueda, otros desde posturas de nacionalismos excluyentes o directamente racistas.

Está claro que esta Europa envidiada por algunos de sus vecinos (Ucrania, por ejemplo, donde se le ve como alternativa preferible al inquietante aliado ruso) no atraviesa por sus mejores momentos. Después de una etapa de laborioso esplendor, en la que se fue tejiendo un minucioso entramado de relaciones económicas, que fueron conduciendo inevitablemente a establecer lazos políticos anudados en interminables negociaciones de sutiles consensos, el proceso de la Unión Europea se ha enredado en la crisis financiera y todavía no ha conjurado el peligro de naufragar estrepitosamente. El temporal le ha pillado sin haber terminado de ensamblar su embarcación común.

Aun no siendo el escenario en el que se originó esa crisis, Europa se ha convertido en la zona más afectada por sus efectos. O a la que le está costando más salir del laberinto en el que ha quedado bloqueada, como consecuencia de la aplicación estricta de los principios ultraliberales contra el gasto público. El bloqueo afecta más a los países del sur (la machacada Grecia, junto a la también “rescatada” Portugal y a las casi rescatadas Italia y España, sin olvidar al casi desaparecido Chipre), pero ni la poderosa Alemania se libra de la congelación económica y social que impone el austericidio.

En estas vísperas preelectorales, claro, empieza a difundirse un discurso oficial de recuperación económica incipiente. Vuelve la literatura de los brotes verdes y de las luces al final del túnel, quizá ya un poco tarde, cuando ya los distintos niveles de autoridades políticas y económicas han perdido la credibilidad, y entre los ciudadanos cunde la indignación abstencionista o prende la llama populista (de extrema derecha especialmente).

Un inquietante panorama, fruto de un concienzudo trabajo de irresponsables e incompetentes, en beneficio de depredadores y especuladores, con el asesoramiento de manipuladores y la resignación de una mayoría desalentada o sumisa. Y lo peor es que puede que las elecciones europeas –con todas las probabilidades de ser más bien elecciones antieuropeas– no sirvan de cortafuego al deterioro democrático general. Que políticos y financieros sigan actuando con la misma irresponsabilidad e incompetencia.

 

 

 

 

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