¿Hay futuro para el Creador de Contenidos?

BRUTO PERO NOBLE (SUTILEZAS DESNUDAS)
Agustín Madariaga

Cada semana conocemos alguna mala noticia para las personas que vivimos de crear contenidos. Los compañeros de El Correo de Andalucía, un diario en el que han salido los dientes a todos los periodistas de Sevilla, viven momentos de angustia. La anulación del ERE de la RTVV por la justicia ha sido contestada con el cierre de la televisión por la Generalitat. Es una muestra de dónde estamos, de la progresiva caída de medios de comunicación. 

Lo mismo ocurre con el cine. Vivimos momentos delicados, en los que Internet ha cambiado los modelos de hacer rentables determinadas actividades.

El primer problema es convertir necesidades sociales en simples negocios. La información veraz y los contenidos culturales de calidad crean ciudadanos con capacidad crítica. Lo contrario, personas incapaces de ver más allá de sus narices.

Algún día, el timón de los medios pasó de los que creen en su misión de servicio público a  los que ven únicamente la vertiente empresarial. Llegaron los “contenidos amables” y la “espectacularización” de la realidad. Se pasó de valorar la experiencia, la agenda y la escrupulosa disección de los datos a la única variable de la rentabilidad. Se perdió calidad y las redes sociales ofrecen información gratuita. De baja calidad en muchos casos, pero… ¿Hay calidad hoy en las informaciones periodísticas?

Ahí comenzamos a cavar nuestra tumba.

En los creadores ocurre algo parecido. La rentabilidad lleva a pagar poco. Si los que crean no pueden vivir de lo que hacen, dedican poco tiempo y el producto final es flojo. Si además el único criterio es que se venda bien, la calidad se resiente y hay escasa profundidad.

Los debates sobre lo gratuito y la posibilidad de poner puertas al campo (a la red) son agua pasada. Están superados por la realidad.

Parece evidente que si queremos información de calidad, de profesionales con experiencia y sin sesgos en ocasiones escandalosos, deberemos pagar. O pagamos nosotros o lo hacen los grupos de intereses y entonces nos llegará información contaminada, beneficiosa siempre para el que paga. Estamos en el crowfunding. Usted es “dueño” y beneficiario de la información. Lo mismo ocurre con las películas: si usted quiere productos sin intereses comerciales de artistas que le interesen tendrá que asociarse con todos los que lo quieran. Yo me apunto el primero para pagar una minúscula parte de  una película a Woody Allen si deja de hacer bodrios de encargo y vuelve a “Match Ball” o “Manhattan”.

La otra posibilidad es explotar los nuevos negocios de la red. Tendrá películas que sean en sí mismo un anuncio (Imaginen Thelma y Louise patrocinado y con nuevo título: “¿Te gusta conducir?”). O productos de consumo que podrá descargarse como hacemos en spotify con las canciones.

Y una última posibilidad para la prensa y los creadores: crear “zonas de interés” para determinados target. Como creadores de contenidos o como infomediarios que seleccionan estos contenidos y los ofrecen a segmentos determinados. Quien acceda es un dato y los datos tan precisos son hoy un tesoro.

Así que estamos ante la encrucijada: nuevas formas de negocio o pagar por un derecho que debería ser universal.

 Nadie de los que mandan hará nada por garantizarlo. Una sociedad sin información ni contenidos culturales de calidad se maneja mucho mejor. Ustedes tienen que ser los que lo garanticen. Sepan que nada es gratis aunque no paguemos. Alguien, en algún lugar, paga las consecuencias. Y en este caso lo haremos todos. Seremos más ignorantes y cuando abramos los ojos, estaremos en un lugar en el que no queríamos estar.

@agusmadariaga

España

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