El hombre prefiere alimentar el estómago antes que el alma. Los poetas, escritores, pintores, escultores, filósofos, que avivaron el espíritu de las personas y afinaron las cuerdas de sus sentimientos, toda esa gente, quizá una mayoría, dejó una huella tan profunda que el tiempo, conserje y guardián de sus obras, abrillanta y da esplendor cada día, todos los años, siglo a siglo.